¿Cómo fue la experiencia de ser un misionero mormón en el cinturón bíblico?

Respuesta personal de Lance

Serví dos años como misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (la Iglesia Mormona) en Mississippi y Luisiana. Fue la mayor experiencia de mi vida. Me encantó compartir el Evangelio con las personas del Sur porque muchos de ellos tienen profunda fe en el Señor Jesucristo. Fueron muy amables con los misioneros que tocábamos su puerta. No puedo contar el número de personas que me permitieron ingresar a sus hogares, como un completo desconocido, para compartir lo que creo. Aprendí que “la hospitalidad del sur” es muy real y creo que es porque las personas tienen buenos valores cristianos. También hubo muchas personas que no nos dejaban ingresar pero por lo general nos rechazaban amablemente.

Las personas creyentes del Sur me preguntaban muchas veces por qué estaba intentando convertir a las personas que ya eran cristianas. Muchos están viviendo vidas muy honorables y están al servicio de sus semejantes mientras ponen su confianza en Jesucristo. Ellos se preguntarían por qué no enviábamos a nuestros misioneros a otras partes del mundo donde la gente no conoce a Cristo. Me gustaría explicar lo que hacemos. Tenemos misioneros en todo el mundo que hablan casi todos los idiomas. También tenemos misioneros que se dedican a la ayuda humanitaria. Intentamos por todos los medios ayudar a los hijos de Dios y llevarlos nuevamente a Él a través de Su Hijo, Jesucristo.

Incluso se preguntarían por qué ellos como cristianos necesitaban hablar conmigo. Cuando pensé en esta pregunta, la respuesta vino a mí muy poderosamente en la forma de una pregunta: “¿Por qué cualquier cristiano no desearía saber que Cristo ha restaurado Su iglesia en la tierra, la misma iglesia de la que leímos en el Nuevo Testamento?” Me limitaré a explicar a aquellos que no comprenden por qué serví en el Sur, que el mensaje que traemos proviene de Dios y que Él nos envió a compartirlo con todos.

Nuestro mensaje es muy simple y muy importante. Dios es nuestro Padre en los Cielos y Él nos ama mucho. Por el pecado, nosotros mismos nos apartamos de Su presencia y Él preparó un camino para que nosotros regresemos a vivir con Él (Juan 3:16). A lo largo de todo el tiempo, Dios llamó a profetas (véase Amos 3:7) para que nos enseñen que el camino es mediante Su Hijo, Jesucristo (Juan 14:6). Jesucristo verdaderamente sufrió y murió por nuestros pecados para que podamos ser perdonados y Él resucitó para que todos nosotros vivamos de nuevo. Estos profetas que enseñan sobre Jesucristo tienen la autoridad de Dios para guiarnos y mantener las doctrinas del Evangelio puro de Cristo. Cristo mismo enseñó su Evangelio cuando vino a la tierra y fundó Su iglesia sobre el “fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

Dios es un Dios de orden y la Iglesia que estableció Jesucristo estaba muy bien organizada. Él llamó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, maestros y otras personas a fin de perfeccionar a los Santos y llevar a todos a la “unidad de la fe”. La iglesia fue establecida para llevar a todos al “conocimiento del Hijo de Dios” (Véase Efesios 4:11-13).

Lamentablemente, antes de que alguien pueda ser llevado al conocimiento del Hijo de Dios y a la unidad de la fe, Cristo y los líderes de Su iglesia fueron asesinados. El Señor profetizó que esto sucedería. Se lo dijo a sus discípulos en el Monte de los Olivos, “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos” (Mateo 24:9-11).

Esta profecía se cumplió. El fundamento mismo de la Iglesia de Cristo fue destruido, y los seguidores de Cristo se quedaron a interpretar las cosas por su cuenta. Sin la autoridad de Dios, o el sacerdocio, los hombres interpretaron las Escrituras de muchas maneras diferentes y comenzaron a surgir las diferentes denominaciones que vemos en el mundo de hoy. El establecimiento de la unidad de la fe no se logró y ahora tenemos muchas religiones diferentes con creencias muy diversas.

Me encantó servir en el Sur, ya que al compartir la creación de la Iglesia de Cristo y la consiguiente apostasía o caída, muchas personas llegaron a entender algo que habían estado intentando averiguar desde hace mucho tiempo. Conocí tantas personas que habían asistido a diferentes iglesias y no podían entender por qué las enseñanzas eran tan diferentes y por qué las iglesias competían tanto entre sí. Me encantó ser capaz de explicar que Cristo estableció Su iglesia, pero que se perdió.

Ya estaba entonces en condiciones de explicar la respuesta a la pregunta que me hicieron tantas veces: “¿Por qué hablaba con personas que ya eran cristianas?” Fui capaz de explicar que Cristo no quiso que Su iglesia desaparezca para siempre y que la restauró en la tierra para preparar el camino de Su segunda venida. Debido a que podían ver los resultados de la confusión que había resultado después de la apostasía, muchas personas del Sur reconocieron la necesidad de esta restauración de la Iglesia original de Cristo.
La Iglesia fue restaurada por medio del profeta José Smith. Al igual que la mayoría de personas del Sur, con las que yo hablaba, José vio la confusión de muchas iglesias de Nueva York mientras crecía. Investigó por mucho tiempo intentando averiguar a qué iglesia unirse. Hizo lo que todos nosotros debemos hacer para encontrar respuestas de Dios. Estudió las Escrituras y oró. En la primavera de 1820, se fue a un tranquilo bosque de árboles cerca de su casa y oró vocalmente a nuestro Padre en el Cielo. Oró para saber a cuál de todas las iglesias debía unirse. Tuvo una experiencia increíble en la que vio a Dios nuestro Padre y su Hijo Jesucristo.

José Smith dijo de esta experiencia, “Vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí… al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo! (Historia de José Smith 1:16:17).

José fue llamado como un profeta, y Jesucristo estableció Su iglesia nuevamente en la tierra en estos últimos días gracias a él. Me encantó poder compartir con la gente del Sur que la Iglesia Mormona, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es la iglesia del Señor establecida nuevamente en la tierra. He visto cómo la vida de las personas cambió a medida que llegaban a Cristo y vivían con Sus enseñanzas. Era una experiencia increíble ver que alguien reconocía que el Señor no dejó de hablar en los tiempos antiguos, sino que nuevamente llamó profetas y apóstoles para guiarnos estos tiempos de tribulación.
También hubo mucha gente que no creía lo que enseñábamos. Nunca había tenido tanta gente cuestionando mis creencias desde todos los ángulos. Esto originó que estudie más las Escrituras y que ore a mi Padre en el Cielo para saber lo que era cierto. Encontré de Dios, mediante el poder del Espíritu Santo, que el mensaje que yo compartía era verdadero. Sé que Cristo es mi Salvador y que Él está dirigiendo su iglesia hoy a través de un moderno profeta y doce apóstoles. Como mi conocimiento y el testimonio de esto crece cada vez más, yo le diría a la gente, “Estoy aquí para decirles que esto es verdadero. Su vecino le dirá que algo más es verdadero. Usted puede preguntarme qué es verdadero. Puede preguntar a su pastor lo que es verdadero. Puede preguntar a cualquiera lo que es verdadero, pero no quiero que reciba su respuesta de nosotros. Quiero que reciba su respuesta de Dios a través de la oración y el estudio de las Escrituras. Esa es la única manera que conozco”.

Aunque muchos no creían que pensé e incluso cuestioné severamente mis creencias, estaba sorprendido por la amabilidad que nos mostraban a mí y a los otros misioneros. Tengo algunos grandes amigos con los cuales me mantengo en contacto y que son miembros activos de otras religiones. Estos amigos son pastores y líderes de otras iglesias. En uno de nuestros artículos de fe en la Iglesia Mormona “reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen” (Artículos de Fe 1:11).

Como mormones, creemos en permitir que los demás crean como desean. Nosotros todavía tratamos de compartir nuestras creencias con todos y cuando me preguntan por qué comparto mis creencias con otros cristianos voy a seguir respondiendo con la pregunta: “¿Por qué cualquier cristiano no desearía saber que Cristo restauró Su iglesia en la tierra, la primera iglesia de la que leímos en el Nuevo Testamento?”.

This entry was posted on Martes, Septiembre 9th, 2008 at 5:20 am and is filed under Creencias mormonas, La Biblia, Mormones y religiones del mundo, Templos mormones. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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