¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

septiembre 9, 2008 por · Dejar un comentario
Archivado bajo: Adversidad, Fe, Jesucristo 
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Respuesta personal de Jack Rushton

Creo que esta es una pregunta muy profunda que ha sido, sin duda, realizada por millones de personas desde el comienzo de los tiempos. A veces, la vida puede parecer injusta cuando experimentamos nuestro propio sufrimiento personal y cuando somos testigos a través de nuestros propios ojos o través de los medios de comunicación, del increíble sufrimiento que parece ser parte integral de la vida cotidiana de las personas en todo el mundo. http://mormonismo.net/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

Tuve que hacer frente a esta pregunta a nivel personal hace 19 años cuando me fracturé el cuello, sufrí una lesión en la médula espinal, y quedé paralizado desde el cuello hasta los pies y dependiente de aparatos de respiración.

Aproximadamente hace 6 años tuve una experiencia con mi yerno que creo esclarecerá un poco esta pregunta fundamental sobre la vida.

Una mañana recibí una llamada telefónica de mi yerno, Matt. Él estaba inscrito en un programa MBA en la Universidad de California, Irvine (UC Irvine), que se ubica a unos 20 minutos de nuestra casa. El Decano del programa MBA justo había anunciado a todos los estudiantes que se encontraban allí que uno de sus compañeros de clase llamado Michael Johnson se ahogó en un accidente de natación en Carolina del Norte el día anterior. Michael era uno de los líderes y estudiantes más brillantes en la clase de MBA. Era muy carismático y su futuro como líder en el mundo de los negocios parecía ser ilimitada. Sus compañeros de clase, incluyendo a mi yerno, se sorprendieron al recibir la noticia sobre Michael. Después de consultar con el Decano y varios compañeros, Matt me ofreció como voluntario para asistir a UC Irvine y hablar unos minutos con los 50 ó 60 estudiantes que se encontraban allí ese día.

Matt llegó a la casa, me ayudó a entrar a mi van modificada y me llevó hasta el campus. A medida que entrábamos al salón en el que los estudiantes se reunieron, sólo se podía sentir el espíritu de tristeza y pude sentir que muchos se estaban preguntando, “¿Por qué algo como esto le sucedió a una persona tan buena y maravillosa como Michael Johnson? ¿Dios no pudo impedir que esto ocurra?”

Mientras miraba a estos estudiantes me impresionó mucho compartir con ellos la conversación que tuve con Dennis Praeger, hace casi 15 años, cuando me presenté en su programa radial en Los Ángeles. Al final de la hora, él me dijo “Jack, ¿qué es lo que te da más paz y consuelo – creer que Dios trajo la ola que fracturó tu cuello o creer que se trataba sólo de un accidente?” Yo, básicamente, le dije que había pasado muy poco tiempo preguntándome por qué se produjo el accidente. Lo único que sabía con seguridad es que había un Dios amoroso y bueno que nos ayudaría a obtener lo que cualquier vida traería a nuestro camino si tuviéramos suficiente fe y confianza en Él.

Esa tarde, les dije a los estudiantes que cada uno de nosotros tiene albedrío y que no somos títeres de la deidad. Vivimos nuestras vidas ejerciendo nuestro albedrío ya que elegimos hacerlo, pero también está en juego la ley natural. Muchas veces, al ejercer nuestro albedrío originamos que la ley natural continúe y luego experimentamos las consecuencias de nuestras acciones. El ir a correr olas a Laguna Beach ese hermoso día de agosto, fue algo que yo elegí hacer. Creo firmemente que un Dios amoroso pudo haberme protegido, pero Él no interfiere con nuestro albedrío y con la ley natural. En mi mente, la pregunta del “por qué” es absolutamente la peor pregunta que podemos hacernos cuando algo como esto sucede. Dios podría evitar que suceda cada desastre o catástrofe, pero no lo hace, por su amor por nosotros y su entendimiento de la importancia del albedrío.

De manera que en la vida suceden accidentes de natación, cánceres, tsunamis, terremotos, asesinatos, abusos, etc. – la lista es interminable. Dios no origina estas cosas y Él ciertamente podría prevenirlas, pero al hacerlo perderíamos el inestimable don del albedrío.

La mortalidad nos trae una variedad de experiencias – algunas maravillosas y algunas no tanto. Sin embargo, mediante todas las experiencias que tenemos adquirimos conocimiento; y un Dios amoroso y sabio, nuestro Padre, nunca nos robará el inestimable don del albedrío. Los estudiantes parecían responder a esta línea de razonamiento.

La vida es tan valiosa y sin embargo puede estropearse en un instante. Estoy muy impresionado de que en la mayoría de los países del mundo haya tal deseo de preservar la vida. Ustedes lo ven cada día en los informes de los periódicos y en la televisión cuando cientos y miles intentan recuperar, por ejemplo, a un niño perdido o secuestrado. Si alguien resulta herido en un accidente automovilístico o varado en un acantilado, etc. hay muchas personas dispuestas a arriesgar su vida para salvar la vida del otro. La ciencia médica puede hacer mucho para preservar y mejorar la calidad de vida. Creo que esto es agradable para Dios y es de esperar que mediante una vida extensa podamos cumplir el proyecto de nuestra creación y podamos estar dispuestos a tomar el próximo paso en nuestro progreso eterno.

No existe algún precio que podamos poner a la vida mortal. ¡Qué don nos dio a cada uno de nosotros un Padre Celestial amoroso y amable! ¡Cada día es valioso e invaluable!

Asimismo, no vemos lo que sucede después de que las personas pasan por este portal de la vida. No es un fin, sino una continuación de la vida y el servicio. No sabemos cómo nuestro ministerio desde el otro lado del velo, o más allá de esta vida, impactará a nuestros amigos y familiares terrenales, así como a aquellos que conozcamos en nuestro lugar de descanso espiritual. Un Dios benevolente y perfecto ha tenido en cuenta todo y ha visto la necesidad de cada individuo. Él no desaprovechó nada ni obró con un fin inútil. No hay desperdicios ni eventos incidentales que no se revertirá en la gloria de alguien. El no ver los resultados no debe hacer que renunciemos sabiendo que Dios está en el control y que la muerte y el sufrimiento no son en vano, sino que obrarán en el plan amoroso y perfecto de Dios para cada uno de nosotros – mientras nos otorga albedrío en el camino.

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