¿De dónde vino Satanás?

En el libro de Juan, nosotros aprendemos, “Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho” (Vea Juan 1:3).

Jesucristo-Satanas-mormonesEs claro, entonces, que todo lo que existe fue creado por Dios, y por eso Dios hizo a Satanás. Sin embargo, en su creación él no fue Satanás y él no fue creado malo. El profeta Isaías nos ayuda a comprender que lo que convirtió a Lucifer en Satanás y Lucifer demuestra que él no es el ser que Dios creó para que fuera: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana! Derribado fuiste a tierra, tú que debilitabas a las naciones” (Isaías 14:12).

En otras palabras, Satanás, tal como fue creado, no fue malo. Dios no crea nada de lo que es malo. Los relatos de la creación en Génesis constantemente nos recuerdan que todo lo que Dios crea es bueno. ¿Cómo Satanás va a ser una buena creación de Dios para ser la fuente del mal?

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son a veces llamados mormones, enseña que el albedrío fue una parte esencial del plan de Dios para nosotros. Desde el principio, Dios nos dio el derecho a elegir por nosotros mismos. Aunque hizo reglas para Adán y Eva en el Jardín del Edén sobre el árbol, Él no lo encerró donde nadie pudiera llegar a él. De hecho, lo puso en el centro del Jardín, donde ellos lo verían a menudo. Ellos fueron libres de elegir comer de él, y lo hicieron.

El albedrío explica cómo Lucifer se convirtió en Satanás. Los mormones creen que Dios creó nuestros espíritus y nos ha permitido vivir con Él en el Cielo antes de la creación de la Tierra. Esto lo hace muy literalmente nuestro Padre, y también significa que comenzamos a desarrollar nuestros caracteres y personalidades antes del nacimiento. No teníamos cuerpos, pero sí teníamos personalidad, y la capacidad de elegir quién llegar a ser. Algunos trabajaron duro para ser lo más parecidos a Dios como sea posible. Algunos no lo hicieron. Algunos estaban hambrientos de poder, incluso entonces, y parece que Lucifer fue uno de ellos. Los acontecimientos que se producirían demuestra que él fue muy popular entre cierto tipo de espíritu y que utilizó su popularidad y su albedrío para hacer que otros tomaran malas decisiones, incluso en ese entonces.

Las creencias mormonas hablan de una gran reunión celebrada en el Cielo en la que se nos dijo del plan para crear un mundo para nosotros. Todos nosotros, en cierto momento, iríamos a vivir allí por un tiempo. Nos obtendríamos un cuerpo, vendríamos a la tierra a través de una familia, y tendríamos albedrío. No recordaríamos nuestro tiempo en el Cielo, pero se nos daría la capacidad de sentir la presencia de Dios y el consejo para nosotros si escucháramos y estuviéramos ansiosos por hacer lo correcto. A través de lo que sería conocido como el Espíritu de Cristo, seríamos capaces de discernir la verdad de las mentiras si elegimos hacerlo. El Espíritu Santo estará disponible para ayudarnos en la Tierra. Con esta ayuda, se esperaría que buscáramos la verdad y nos comprometiéramos a vivirla.

Por supuesto, no seríamos perfectos, y la ley exigiría perfección con el fin de volver a casa. Con este fin, Dios proveería un Salvador que vendría a la tierra a través de una madre mortal, con Dios como su Padre, y viviría una vida sin pecado. Él luego haría un sacrificio voluntario en nuestro favor, conocido como la expiación. Esto nos permitirá superar la muerte y arrepentirnos. Eso haría posible superar las exigencias de la ley por medio de la misericordia. Jesucristo se ofreció voluntariamente para este llamado, diciendo que quería que todo el honor y la gloria fueran para Dios.

A Lucifer, sin embargo, no le gustaba el plan de Dios. Él utilizó su influencia para tratar de convencernos de reemplazar a Dios y a Jesucristo con él. Lucifer dijo que él tomaría el control de nuestras vidas en la tierra, controlando cada movimiento y pensamiento, para que no fuera posible pecar. De esa manera, no sería necesaria la expiación (aliviándolo de la necesidad de sufrir en nombre de nadie) y que todos volveríamos a casa a salvo. A cambio, sin embargo, él quería que nosotros le permitiéramos tomar el lugar de Dios y recibir todo el honor y la gloria.

El plan de Lucifer era egoísta, diseñado para que gane una posición de poder y autoridad sin sacrificio alguno. Este fue un agudo contraste con la propuesta de Jesús, que no pidió nada para sí mismo. Sin embargo, tal vez porque Lucifer fue popular, o quizás debido a que su plan parecía ofrecer seguridad y un camino fácil hacia el éxito, una tercera parte de los hijos de Dios eligió a Lucifer como su líder, y rechazó a Dios y a Jesucristo.

No se les permitió venir a la tierra como consecuencia. Ellos nunca recibirán cuerpos o familias, y porque ellos rechazaron la expiación antes de que aun vinieran a la tierra, no se les permite beneficiarse de ella. Ellos fueron expulsados del cielo por sus esfuerzos para derrocar a Dios y su plan. Todo el resto de los espíritus en el cielo comenzó a prepararse para la mortalidad.

Sin embargo, la obra de Lucifer no había terminado. Se convirtió en Satanás y él estaba enojado por haber sido expulsado del cielo. También fue miserable, habiéndosele negado lo que él aun sabía que era una maravillosa oportunidad––aunque él tomó las decisiones que lo llevaron a ello. Estaba decidido a hacer miserables a todos los que se habían negado a seguirlo.

Su papel en nuestras vidas hoy en día es tratar de hacernos rechazar el gran plan de salvación que una vez aceptamos, desobedecer los mandamientos de Dios, incluso optar por no creer en Dios o en Jesucristo. Él está decidido a socavar la obra de Dios.

Aunque a Satanás se le permite tratar de hacernos pecar y rechazar la oportunidad de regresar a casa con la presencia de Dios, hay algunas cosas que él no puede hacer. Él no puede obligar a nadie a pecar: él sólo puede alentar el pecado. Él no puede evitar que alguien conozca la verdad que está determinado a saber: que sólo puede tratar de evitar que queramos saberla. Satanás no puede permanecer si le decimos que se vaya. En el Nuevo Testamento, podemos mirar el ejemplo de Jesucristo, que sabe cómo manejar las tentaciones de Satanás y sus mentiras. Cuando Satanás trató de tentar a Jesús, Jesús simplemente se negó a prestarle atención a él y le ordenó que lo abandonara.

Satanás, entonces, comenzó su vida como todos nosotros, como un hijo de Dios. Él utilizó su albedrío dado por Dios para  rechazar a Dios y el evangelio y optó por vivir una vida egoísta dañando a otros. Aunque le es temporalmente permitido el tratar de llevar a cabo sus objetivos de venganza, no estamos bajo ninguna obligación de darle poder sobre nosotros.

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