Siento el amor de mi Salvador por Greg Olsen Mormon

Siento el amor de mi Salvador por Greg Olsen

Respuesta personal de Natalie

¡Sí! En verdad escucha. He sentido, muchas veces en mi vida, la fuerte convicción de que Dios sí escucha nuestras oraciones. Sé que el mensaje del Salvador, registrado en el Nuevo Testamento, todavía suena convincente: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

El verano pasado, estaba preparándome para iniciar mi primer año en la Universidad Brigham Young. A medida que se acercaba el momento en el que tenía que mudarme, empecé a ponerme realmente nerviosa. Me preocupaba sobre quiénes serían mis compañeros de cuarto, lo exigentes que serían mis clases, y lo difícil que sería vivir lejos de casa por primera vez. Recuerdo que una noche estuve particularmente preocupada y estresada por todo. Con lágrimas, me arrodillé al costado de mi cama y oré a mi Padre en los Cielos que me llene de consuelo. Casi de inmediato, sentí una seguridad de tranquilidad que me envolvía y supe que mi oración había sido respondida. Supe que el Señor me conocía y me amaba y que no tenía nada de que temer. A medida que seguía esperando el inicio del nuevo semestre, las palabras de estas escrituras pasaron por mi mente: “Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis” (Doctrina y Convenios 6:36). Esto también fue un recordatorio simple y lleno de paz, de un Padre Celestial cariñoso, de que todo estaría bien.

Hace dos semanas, tuve otra poderosa experiencia con la oración. Estaba pasando por una semana muy difícil: acababa de terminar un examen de anatomía de mitad de semestre, se acercaba un examen difícil de física, los exámenes finales eran en una semana, y acababa de terminar mal una relación. Para empeorarlo todo, mi familia se había ido de vacaciones en ese momento y estaba sola en casa. Me sentía deprimida, desanimada y muy sola. Me sentía inútil y no amada. Una vez más, me puse a orar. Supliqué a Dios Celestial que se llevara una parte del dolor y la tristeza que sentía. Le supliqué también que mi mente estuviera despejada para concentrarme en mi prueba. Al inicio, sentía que Dios no me había escuchado o que no le importaba porque no me sentí mejor de inmediato. Pero ¡estaba equivocada! Poco después, recibí una llamada de mi hermano mayor quien estaba viviendo en un departamento a 20 minutos de mi casa. Me preguntó si quería salir a cenar con él. Aunque, para otra persona esto pudo haber sido casualidad, sabía que no lo fue. Sabía que esto era una respuesta a mi oración. Era justo lo que necesitaba en ese momento: un hermano mayor y amable con quien hablar, reír y bromear. Supe que el Señor no se había olvidado de mí.

Estas son sólo dos de las muchas experiencias que he tenido cuando Dios ha respondido mis oraciones. Algunas veces, las respuestas vienen sólo como sentimientos simples de consuelo o paz, y algunas veces otras personas entran en mi vida en el momento preciso. Con frecuencia, saco una nota adhesiva y anoto todas las maneras en las que Dios ha respondido mis oraciones en las últimas semanas. Tengo bastantes notas adhesivas en todo mi cuarto con respuestas y certezas de que Dios se preocupa. Algunos casos son grandes, y otros pequeños: sentir consuelo cuando la mamá de mi amigo murió, recibir ayuda en una prueba difícil de química, no enfermarme cuando todos a mi alrededor lo estaban, cruzar los mares en un vuelo seguro. La lista sigue creciendo. A medida que reflexiono sobre estas listas y sigo orando, entiendo cada vez más que Dios en verdad nos ama y se preocupa por nosotros. Él conoce nuestras necesidades y escucha nuestras oraciones.

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