¿Cómo ven el pesar los Mormones?

Las luces no son siempre verdes. El pan no es siempre fresco. Las llantas se desinflan. Las cuentas se acumula. Las personas se enferman y mueren en cada etapa de la vida. Las personas luchan con las dificultades. Otras pasan hambre. Las guerras continúan.

El pesar es parte de la experiencia humana. La oposición es necesaria para el crecimiento, según el punto de vista mormón sobre nuestra experiencia mortal, revelado por el Señor a través de los profetas modernos,. Sin embargo, puede aliviarse por medio del poder de la expiación de Jesucristo. Los mormones creen que el Salvador no sólo murió para pagar por nuestros pecados sino también para llevar sobre sí nuestro pesar, dolor y enfermedades. (Alma 7:11-12).

Patricia Pinegar, ex presidenta de la Primaria o la organización de la Iglesia para los niños, habla de su propio encuentro con el pesar y de la intercesión del Salvador:

La difícil experiencia de la muerte de mi hijo me ayudó a identificar y regocijarme en las bendiciones de paz, esperanza y dirección, bendiciones que pueden disfrutar todos los que aceptan y viven verdaderamente el evangelio de Jesucristo. Puedo dar testimonio de las palabras del élder Richard G. Scott: “Por favor, aprendan que a medida que lidian con un desafío y sienten tristeza por ello, pueden al mismo tiempo tener paz y regocijo” (en Informe de la Conferencia, octubre 1995, 20; o Liahona, noviembre 1995, 17). (“Paz, Esperanza y Dirección”, Liahona, noviembre 1999).

El propio Salvador fue un hombre de pesar y dolor, no obstante Él debe haber tenido el gozo supremo de saber que Él estaba en armonía con Su Padre y el consuelo en esa relación única con Él. Nosotros también podemos encontrar esa paz y seguridad de que no estamos abandonados cuando la muerte de un ser querido golpea o cuando el albedrío de alguien irrumpe en los planes para nuestra propia vida.

Elder Bateman, líder mormón contemporáneo, habla también del bálsamo sanador que puede llegar cuando le pedimos al Señor por ese ungüento especial del alma que sólo Él puede brindar verdaderamente:

La muerte nos enseña que no experimentamos una plenitud de gozo en la mortalidad y que el gozo eterno puede alcanzarse sólo con la ayuda del Maestro (ver Doctrina y Convenios 93:33-34). Así como el paralítico en el estanque de Betseda necesitaba a alguien más fuerte que él mismo para curarse (ver Juan 5:1-9), también nosotros somos dependientes de los milagros de la Expiación de Cristo si nuestras almas van a tener paz completa del dolor, pena y pecado… A través de Cristo, los corazones rotos se curan y la paz reemplaza a la ansiedad y al pesar.

El pesar no siempre es causado por la muerte o enfermedad. Hay tantas cargas en la vida como hay bendiciones. De las cruces menos visibles, el apóstol moderno, Marvin J. Ashton, resalta:

Un tipo de cruz es el de la violación de la confianza por parte de un padre, un miembro de la familia, un maestro, un obispo, un miembro de la presidencia de estaca, un amigo o amiga, un compañero de trabajo o un compañero de clase.

Otra cruz que no siempre es visible pero que en ocasiones puede ser muy pesada y preocupante es la falta de respeto por uno mismo, un sentimiento de falta de voluntad para aceptarse. ¿Puede encontrarlo en su corazón para de vez en cuando felicitarse sobre su comportamiento? ¿O tiene una baja apreciación de sí mismo sin importar lo que haga? Tener este tipo de sentimiento puede ser una cruz muy pesada de llevar. Una cruz así puede disminuir su progreso eterno. (“Carga tu cruz,” Liahona, sept.1988).

Mis propias cruces me han enseñado, más que nada, acerca de quién es en verdad Cristo y quién soy yo. He sentido profundamente Su conocimiento sobre mí el cual es superior al que yo tengo y Su preocupación y reconocimiento de cada una de mis necesidades. Lo he visto anticipar circunstancias y prepararme; caminar a mi lado, conversar conmigo en formas que se manifestaban por completo y eran innegables, y aprendí que lo que más quiero es Su cercanía por siempre. Independientemente de su origen, se puede encontrar consuelo al estar cerca al Señor, quien descendió bajo todas las cosas que tenemos que soportar, para que Él pueda levantarnos por sobre ellas. Testifico que Su poder es real, que Su conocimiento de nuestras dificultades es íntimo y que Su capacidad para ayudarnos es incomparable. Si desea saber más sobre cómo acceder a Su poder, sírvase visitar www.mormon.org (buscar español) o converse virtualmente con los misioneros.

This entry was posted on Miércoles, Abril 9th, 2008 at 10:35 am and is filed under Adversidad, Fe, Gracia, Jesucristo. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply