¿Cuál es la posición de los mormones en cuanto al abuso?

abril 9, 2008 por · Dejar un comentario
Archivado bajo: Adversidad, Fe, Gracia, Jesucristo 
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Iglesia MormonaLa Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está en contra de todas las formas de abuso –espiritual, físico y emocional.El abuso es cualquier forma dañina de trato a otro, incluyendo la humillación, dominación, daño físico, psicológico y espiritual inflingido sobre otra persona.El Señor nunca justificó ningún comportamiento parecido sino más bien fue un Abogado de paz y armonía para Sus hijos.

En una entrevista con profesionales médicos SUD, al tratar sobre el “abuso conyugal”, John Nelson describe lo que se considera un comportamiento inapropiado:

El abuso conyugal involucra actos inapropiados de un cónyuge sobre el otro.Puede involucrar actos coactivos en los cuales un abusador fuerce a una persona a hacer algo que él o ella normalmente no haría, sin ninguna preocupación por la víctima.El abuso también puede incluir el uso de amenazas, apodos, gritos e intimidación.

Los mormones creen en la igualdad de género y cuando se dice que el esposo presiden en rectitud dentro de la familia, “presidir” implica el amor y la inclusión en lugar de la fuerza y la exclusión.El Sr. Nelson continúa esclareciendo este principio:

En algunos casos los abusadores malentienden o aplican mal el concepto de liderazgo en el hogar. Deseo poner en claro que no es el concepto de un líder presidiendo en el hogar que está equivocado; es la aplicación incorrecta del principio.La sección 121 de Doctrina y Convenios habla de eso específicamente: “Los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo, … pero cuando intentamos … ejercer mando, dominio o compulsión … en cualquier grado de injusticia, he aquí, los cielos se retiran” (D. y C. 121:36-37) (“Una conversación acerca del abuso conyugal”, Liahona, octubre 1999).

Los mormones creen que este y otros tipos de abuso se pueden curar, tanto para la víctima como para el que inflinge el daño.

El élder Richard G. Scott, un apóstol contemporáneo del Señor, habla de la necesidad de confiar en el amor y ayuda disponibles mediante Jesucristo para la persona que sufre abuso.

A menos que sea sanado por el Señor, el abuso mental, físico o sexual puede causar serias consecuencias permanentes.Como víctima usted debe haber experimentado algunas de ellas.Ellas incluyen temor, depresión, culpabilidad, odio a sí mismo, destrucción de la auto-estima y alienación de las relaciones humanas normales.Cuando la situación se agrava por el abuso continuo, se generan emociones más fuertes de rebelión, ira y odio.Estos sentimientos a menudo se centran en contra de uno mismo, de otros, de la vida misma, y aún del Padre Celestial.Los esfuerzos frustrados de luchar contra ello pueden degenerar en abuso de drogas, inmoralidad, abandono del hogar, y, trágicamente en casos extremos, el suicidio.A menos que se corrijan, estos sentimientos conducen a vidas abatidas, matrimonios discordantes, y aún la transición de víctima a abusador.Un resultado terrible es una falta, cada vez mayor, de confianza en otros lo que llega a ser una barrera para curarse (Elder Scout, Noviembre, Liahona, mayo 1992).

El orar pidiendo ayuda, el buscar consejo de líderes de la Iglesia fiables, y el permitir al Espíritu del Señor trabajar en formas adicionales, ayuda a la persona que ha sufrido abuso a sanar mediante la Expiación de Jesucristo.Y, además de la curación de la víctima, hay perdón para el abusador que lo busca con todo su corazón.

Y para aquellos que no han sido tocados por el ciclo del abuso, ayudemos a librarse a otros que lo han sido.Ayudemos a los niños inocentes, como hemos sido llamados a hacerlo por el Presidente Gordon B. Hinckley, el 16to Profeta y Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (A menudo llamada equivocadamente “<st1:personname productid=”la Iglesia Mormona” w:st=”on”>la Iglesia Mormona”):

Cuán grande es nuestra responsabilidad, cuán seria la responsabilidad de las personas cristianas … de acercarnos para mitigar la situación de los niños que sufren, para levantarlos de la pendiente de desesperación en la cual caminan.

Con seguridad, después de toda la historia que hemos leído, después de todo el sufrimiento que se nos ha contado, después de toda la explotación de la cual estamos conscientes, podemos hacer más de lo que estamos haciendo para contrarrestar la plaga que condena a millones de niños a vidas que saben poco de felicidad, que son trágicamente breves, y que están llenas de dolor” (“Salven a los niños”, Liahona, noviembre 1994).

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