¿Dónde está Dios cuando lo necesito?
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Esta pregunta a menudo la formulan personas que oraron por algo que no obtuvieron o quienes no sintieron que recibieron el consuelo o la ayuda que esperaban en momentos de dificultad. Son varios los aspectos del evangelio que se deben entender para saber porqué sucedió esto.
Es importante recordar que no podemos controlar a Dios, en especial sin pasar por un gran sufrimiento. A principios de la historia de la Iglesia mormona, el escribano de José Smith quería llevarse la traducción del Libro de Mormón, que hasta entonces constaba de 116 páginas, para mostrarla a su familia. José oró y se le dijo que no lo permitiera. Sin embargo, el escribano continuó con sus súplicas; y José Smith cedió y continuó pidiendo a Dios que cambiara de opinión. Con el tiempo, Dios accedió puesto que era evidente que estaban determinados a hacerlo de todas maneras. El escribano llevó el manuscrito a su casa y se lo robaron. Ambos hombres se dieron cuenta que necesitaban arrepentirse por sus decisiones. A partir de esto, José Smith aprendió a no insistir a Dios. Dios es perfecto y Su primera respuesta debe ser suficiente. Dios sabía lo que pasaría, ellos no.
Dios puede ver más allá en el futuro de lo que nosotros podemos. Mientras nosotros tomamos decisiones sobre lo que está ocurriendo actualmente y sobre lo que pensamos que pasará, Dios está mirando la imagen completa. Puede haber consecuencias en un futuro lejano que no podamos ver. Cuando oramos, siempre debemos pedir que la voluntad de Dios se realice. Él quiere que le digamos lo que queremos, pero siempre lo debemos hacer comprendiendo que posiblemente no obtengamos lo que creemos que queremos. Dios siempre responde a las oraciones, pero hay tres posibles respuestas: Sí, no y aún no. Dios responderá a nuestra oración de la mejor manera para cada persona; y algunas veces lo que hacemos afectará a otras personas, de manera que deben considerarse sus necesidades también.
Puede ser molesto cuando estamos seguros de saber lo que es mejor y Dios no nos da lo que queremos. Es posible que las pruebas que enfrentemos nos den algo que necesitemos en el futuro. No se pueden prevenir todas las muertes porque las personas tienen que morir y sólo Dios sabe la razón del tiempo. No se puede evitar todo tipo de tristeza y dolor si queremos crecer y progresar, o incluso desarrollar la fe.
Para hacer más fácil el aceptar la voluntad de Dios, debemos desarrollar una relación cercana y personal con Él. Necesitamos pasar tiempo en oración y estudiar mucho antes de que empiece la crisis, de manera que podamos reconocer Su “voz”. Esto no quiere decir que Él nos habla con una voz que podemos escuchar. Esto es un sentido figurativo. Necesitamos saber cuándo lo que sentimos y experimentamos viene de Dios, y lo logramos a través del tiempo que pasamos con Dios en oración, el estudio de las escrituras y la contemplación.
El construir una relación de confianza es también importante. Desarrollar la confianza toma tiempo y no podemos esperar una crisis para obtener nuestra fe. Con el tiempo, a medida que aprendamos a reconocer las manos de Dios en nuestras vidas y veamos qué tan bien resultan Sus decisiones, empezaremos a confiar en Él y sabremos que lo que decide hacer es siempre la mejor decisión. Entonces, cuando surjan los problemas más graves, podremos transmitirlos a Él y sentirnos seguros y protegidos.
Cuando pensamos que Dios no está presente en los momentos críticos de nuestras vidas, en realidad siempre se trata del hecho de no reconocerlo. Él siempre está ahí, pero, a no ser que lo conozcamos bien, no seremos capaces de verlo ahí ni seremos capaces de sentir el consuelo disponible para nosotros a través del Espíritu Santo. Ese consuelo viene sólo cuando confiamos completamente en Dios y nos tomamos el tiempo para sentarnos tranquilamente y sentir Su presencia, aun cuando Él no está haciendo nuestra voluntad. La prueba de fe no es hacer que Dios haga nuestra voluntad sino hacer y aceptar la suya de buena voluntad.
