¿Cómo puedo desarrollar fe?

Respuesta Personal de James Faulconer

El desarrollar fe requiere que uno tenga fe, pero ante todo ¿cómo llega la fe? Para responder esa pregunta debemos recordar que la palabra “fe” significa básicamente “confianza”. La pregunta de cómo tener fe es la pregunta de cómo aprendemos a confiar en Dios.

Primero, la fe llega escuchando los testimonios de aquellos que son dignos de confianza: Confiamos en la confianza de aquellos en quienes confiamos. El libro de Apocalipsis en la Biblia dice: “…el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía” (Apocalipsis 19:10). Aquellos que tienen un testimonio de Jesús son capaces de hablar claro (el significado literal de “profecía”) como lo hicieron los antiguos profetas, dando testimonio de lo que saben, y sus testimonios pueden ser los cimientos de otros. El escuchar lo que dicen los padres, maestros, amigos, líderes, misioneros, y otros en quienes confiamos nos dará el inicio de fe.

Segundo, empezamos a tener fe cuando abandonamos lo que sea que se encuentre en el camino de tener fe. Tal vez nuestro temor hace difícil el que podamos confiar. Nos preocupamos: “¿Qué pasará si estoy equivocado?” Tal vez nuestro orgullo se pone en nuestro camino. O nuestra pereza: “El cambiar mi vida sería tan difícil” Cualquier cosa que sea que se presente entre nosotros y la fe, debemos abandonarla si deseamos tener fe.

¿Pero entonces qué? Qué hacemos una vez que tenemos el germen de la fe que viene del escuchar el testimonio de personas dignas de confianza y de abandonar los pecados que no nos permiten confiar?

Un escritor en una de las escrituras mormonas, Alma, en el Libro de Mormón, dice lo siguiente acerca de desarrollar la fe:

Pues como dije acerca de la fe […] si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta experimentar con mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta creer de tal modo que deis cabida a una porción de mis palabras. (Alma 32:26-27)

Primero, dice Alma, debemos despertar nuestros poderes de entendimiento lo suficiente como para probar lo que él, un predicador del evangelio, dice. Segundo, debemos por lo menos desear creer-no necesitamos una fe completa para empezar nuestro desarrollo, sólo una “partícula de fe”. Luego, para desarrollar la prueba que Alma propone, debemos dejar que esa partícula de fe trabaje en nosotros. No debemos obstaculizar su camino, y si nosotros permitimos trabajar en nosotros, según nos promete Alma, ella hará posible que creamos por lo menos parcialmente en lo que él dice.

Alma ofrece una analogía:

Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Ahora bien, si dais lugar para que sea sembrada una semilla en vuestro corazón, he aquí, si es una semilla verdadera, o semilla buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí, empezará a hincharse en vuestro pecho; y al sentir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Debe ser que ésta es una semilla buena, o que la palabra es buena, porque empieza a ensanchar mi alma; sí, empieza a iluminar mi entendimiento; sí, empieza a ser deliciosa para mí. (Alma 32:28)

Si permitimos que la semilla sea plantada, nuestro Padre en los Cielos la plantará. Luego, después de que haya sido plantada, si no expulsamos la semilla de la fe debido a nuestra negativa a creer, ésta empezará a crecer. A medida que crezca, sentiremos ese crecimiento en nuestras almas y en nuestras vidas. Eso, a su vez, permitirá que juzguemos la semilla, si es una buena o una mala semilla, y la promesa de Alma es que descubriremos que es buena. La semilla de la Palabra de Dios, una vez plantada en nuestros corazones, expandirá nuestras almas-nos moverá desde nuestro interior hacia fuera a seres y cosas más allá de nuestro entendimiento; empezaremos a ver el mundo más claramente, más justamente, y más amorosamente. Esta expansión de nuestras almas es un placer. Es de sumo agrado para nuestras almas, y querremos que continúe creciendo el árbol que crece de esta semilla, el Árbol de la Vida.

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