¿Creen los mormones en el Credo de Atanasio?
Archivado bajo: Creencias mormonas, Mormones y católicos
Etiquetas:
El Credo Atanasiano tomó su nombre de San Atanasio, arzobispo de Alejandría. Se creyó en algún momento que había sido escrito por él, pero ya no es así, en parte porque estaba escrito en latín y porque se ocupa de controversias que no se originaron sino hasta mucho después del cuarto siglo, que es cuando vivía Atanasio.
El Credo enseña la trinidad de Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo (tres Dioses en una sola persona). También enseña que Jesús es una sustancia tanto de Dios como de María. La última sección enseña que “Quienes que hayan hecho el bien gozarán de la vida eterna pero los que hayan hecho el mal irán al fuego eterno”
Este credo con frecuencia ha generado controversias –en Inglaterra en el siglo XIX se debatió arduamente la última sección– y no se emplea en la iglesia Oriental. Raras veces aun se emplea en la iglesia Occidental, el que se ha descartado de la liturgia Católica desde el Vaticano II.
Los mormones no enseñan el Credo de Atanasio. Ya que ellos son una iglesia restaurada y no una Iglesia Protestante, ellos no han escogido entre la doctrina Católica o los credos. Ellos no enseñan la trinidad, aunque sí enseñan que la manera en que usted viva su vida terrenal afectará su vida eterna.
Los mormones enseñan que Jesús es el hijo literal de Dios, tal como se enseña en la versión de la Biblia del Rey Santiago. En la versión del Rey Santiago, las personas que creen en la trinidad con frecuencia usan la siguiente escritura como prueba de enseñanza:
7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.
11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras. (Juan 14)
Una eventual lectura nos sugeriría que la trinidad en efecto se demuestra en estos versículos. Sin embargo, el versículo 20, nos muestra el significado de la manifestación de que Jesús está en el Padre. El versículo veinte dice:
20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
Si el que Jesús está en el Padre significara que Jesús era el Padre, entonces el versículo 20 sugiere que los apóstoles también eran Dios. Claramente eso no es así. Los versículos anteriormente citados ya no tienen sentido como prueba de la trinidad.
Jesús está tratando de ayudar a los apóstoles a entender que él y su Padre estaban completamente unificados. Ellos tenían exactamente los mismos valores y la misma misión. Ellos enseñaban las mismas verdades. Ellos tenían mucho parecido, en realidad existían muy pequeñas diferencias entre ellos. Por lo tanto, los versículos anteriormente citados trataban de una unidad espiritual. Posteriormente Jesús les dijo a sus apóstoles que deseaba que ellos se unificaran de la misma manera. Él siempre les advirtió que evitaran los desacuerdos. Ellos debían siempre trabajar hacia una misma meta, la salvación de los hombres. Cuando ellos estuvieran completamente unificados unos con otros y con el Salvador, ellos estarían unificados con Dios y serían capaces de llevar a cabo su plan de una manera más efectiva.
La otra parte del credo se refiere a como la conducta terrenal afecta la eternidad. Los mormones enseñan que lo que elija en la tierra tiene un gran impacto en el resto de su vida, incluyendo a su vida después de la muerte. Si no fuese así, no existiría un propósito real en la vida. Dios nos envió aquí para ser probados y al final de la prueba, existe una calificación. Felizmente, Dios nos provee caminos para arrepentirnos cuando cometemos errores, pero se espera que vivamos de acuerdo a las leyes de Dios, como la Biblia nos lo advierte repetidamente.
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. (Mateo 7:21, versión Reina-Valera 1960)
La mayoría de cristianos enseñan que las acciones no causan ningún impacto en nosotros , pero luego afirman que una persona debe aceptar a Jesús como su Salvador, lo cual, por supuesto, es una acción. El asunto real, aparentemente, es cuántas acciones se necesitan. Ahora, es verdad que las acciones por sí solas no son suficientes. Las acciones no nos salvarán, la fe sí lo hará. La manera como vivamos nuestras vidas es evidencia de cuán fuerte es nuestra fe. Jesús enseñó que la fe sin obras es muerta. No basta decir palabras para dar a conocer nuestra fe para después irnos corriendo y vivir como queramos, en vez de seguir el camino que Dios escoge. Cuando hacemos esto demostramos que nuestra fe es demasiado débil para guiar nuestros actos.
Por otro lado, todas las buenas obras que hacemos en el mundo no nos pueden salvar. Sólo la expiación de Jesucristo podría salvarnos y las obras sin fe también son muertas. Nuestras acciones son nuestra manera de demostrar gratitud a Jesucristo por Su expiación. Cuanto mayor sea nuestra fe, mayores serán nuestras buenas obras y nuestra obediencia. Las dos trabajan en conjunto para demostrar a Dios la fortaleza de nuestro amor y compromiso con él.
