¿Dios creó al hombre porque tiene ansias de adoración?

enero 10, 2010 por · Dejar un comentario
Archivado bajo: Dios, Jesucristo 
Etiquetas: , , ,

Dios es perfecto y por lo tanto no hace nada por ego. Todo lo que hace es con nuestro bienestar eterno en mente.

Las creencias mormonas se centran en torno al conocimiento de que Dios es literalmente el padre de nuestros espíritus. Los mormones enseñan que después que Él creó nuestros espíritus, nosotros vivimos durante un tiempo con Él en el cielo, donde nos enseñó las verdades del Evangelio. Usamos ese tiempo para desarrollar nuestras personalidades, talentos e intereses, que vendrían con nosotros a la tierra. Nuestro conocimiento del Evangelio, sin embargo, fue olvidado cuando nacimos.

No olvides orar – Greg Olsen

Dios nos creó por la misma razón que los buenos padres terrenales eligen convertirse en padres, por amor. Creó una familia y con amor cuidó de nosotros hasta que estuvimos listos para venir a la tierra.

El propósito de nuestro tiempo en la tierra es similar a la razón por la cual los hijos necesitan tiempo para crecer y salir de la casa de sus padres. Cuando vivimos en casa, seguimos en gran medida el patrón que nuestros padres crean para nuestras vidas. Cuando estamos por nuestra cuenta, decidimos por primera vez si vamos a ir a la Iglesia cuando nuestros padres no nos obligan hacerlo, y si vamos a asistir a la misma iglesia. Decidimos qué valores queremos tener y cómo vamos a vivir.

Cuando salimos de la presencia de Dios, se colocó un velo simbólico en nuestra memoria. Ya no pudimos recordar haber vivido con Dios, ni pudimos recordar lo que se nos había enseñado. Nos dieron familias y un cuerpo, lo cual abrió nuevas oportunidades tanto para aprender como para las tentaciones. Es nuestra responsabilidad – con la que estuvimos de acuerdo antes de nuestro nacimiento- el buscar y encontrar la verdad de nuevo. Una vez encontrada, se espera que vivamos lo que sabemos.

Tenemos la responsabilidad de encontrar a Dios de nuevo y guardar Sus mandamientos para que se nos permita regresar a Su presencia.

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21, Versión de la Biblia del Rey Santiago).

Ya que se nos requiere guardar los mandamientos, amar y adorar a Dios es una parte importante del proceso. El nivel más alto de la obediencia es el del amor. Cuando amamos a Dios con todo nuestro corazón, naturalmente queremos aprender lo que es verdad e importante, y hacerlo cómo Él  lo pide. La obediencia que se hace por amor, más que por miedo al castigo, es una forma superior de obediencia.

Dios nos ama y quiere que regresemos salvos a casa. Él entiende que nuestra mejor oportunidad de hacerlo es si lo adoramos y amamos, porque entonces lo pondremos en primer lugar, y eso significa que guardar los mandamientos será nuestra prioridad. El centrar  nuestra vida en torno a Sus enseñanzas y nuestro amor a Dios nos ayuda a elegir adecuadamente.

José B. Wirthlin nos recordaba: “Cuando amamos al Señor, la obediencia deja de ser una carga. La obediencia se convierte en un placer. Cuando amamos al Señor, buscamos menos cosas que nos benefician y volcamos nuestros corazones hacia las cosas que bendecirían y elevarán a los demás. “(José B. Wirthlin, “El Gran Mandamiento”, Liahona, noviembre de 2007, págs., 28-31)  Puede ver que si la obediencia no es una carga, somos mucho más propensos a obedecer todo el tiempo, y no sólo cuando queremos algo de Dios o cuando estamos especialmente motivados.

El amor es realmente la pieza central del Evangelio. Nuestro amor por Dios puede aumentar nuestro amor por los demás y nos ayuda a llevar una vida rica y satisfactoria. En el mismo discurso antes mencionado, el élder Wirthlin dijo: “El amor es el principio, el centro y el final del camino del discipulado. Este conforta, aconseja, cura y consuela. Nos conduce a través de valles de oscuridad y a través del velo de la muerte. Al final el amor nos lleva a la gloria y la grandeza de la vida eterna”.

¿Cómo podemos desarrollar amor a Dios? Para amar a alguien, primero debemos conocerlo. Podemos dedicar tiempo cada día para leer la Biblia y el Libro de Mormón y estudiar lo que estos libros nos enseñan sobre él. Un diario de lectura de las escrituras, en el que anotamos observaciones y pensamientos mientras estudiamos, puede ayudarnos a organizar lo que aprendemos. Este paso nos ayuda a adquirir conocimiento.

El siguiente paso es desarrollar una relación personal con Dios. Esto se hace a través de la oración. La oración es el medio por el cual hablamos con Dios, compartiendo con él los detalles de nuestro día, nuestros temores, nuestros éxitos y nuestros pensamientos. Nos tomamos tiempo para darle las gracias por lo que hemos recibido y, si necesitamos algo digno, podemos pedirlo. Cuando tenemos un problema y necesitamos asesoramiento, podemos buscarlo de rodillas.

La respuesta a estas oraciones viene a través del Espíritu Santo. No siempre vienen de inmediato y no siempre de forma completa, sino en pequeños impulsos periódicos mientras reflexionamos y estamos tranquilos.

Richard C. Scott dijo: “A menudo, cuando oramos buscando ayuda para un problema importante, el Padre Celestial nos dará suaves impulsos que nos obligan a pensar, ejercer la fe, trabajar, a veces luchar, y luego a actuar. Es un proceso de paso a paso que nos permite discernir respuestas inspiradas.

He descubierto que lo que a veces parece una barrera impenetrable a la comunicación es un gran paso que se debe dar en confianza. Rara vez recibirá una respuesta completa a la vez. Vendrá una pieza a la vez, en paquetes, de modo que crezca en capacidad. A medida que se sigue cada pieza en la fe, será guiado a otras partes hasta que tenga la respuesta completa. Ese patrón requiere que ejercite la fe en la capacidad de nuestro Padre de responder. Aunque a veces sea muy difícil, da como resultado un significativo crecimiento personal.

Él siempre escuchará sus oraciones y siempre las responderá. Sin embargo, sus respuestas raramente vendrán mientras está orando de rodillas, incluso cuando pueda invocar una respuesta inmediata. Más bien, Él lo impulsará en momentos de silencio cuando el Espíritu puede tocar de manera más eficaz su mente y corazón. Por lo tanto, debe encontrar períodos de tiempo de silencio para reconocer cuando está siendo instruido y fortalecido. Su patrón le hace crecer”. (Richard G. Scott, “Usando el regalo supremo de la oración”, Liahona, julio de 2007, págs. 8-11)

Dios nos creó porque nos ama. Él nos ha dado todas las herramientas que necesitamos para poder amarlo a cambio, y para poder vivir eternamente en Su amorosa presencia algún día.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.  Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>