¿Qué piensan los mormones de la Ley de Moisés?
Según los mormones, la Ley de Moisés fue una ley menor, dada porque los judíos de esa época no vivían de manera adecuada como para poder vivir una ley superior. Se trataba de una ley estricta que podía seguirse a la exactitud. Ésta no sustituía a la plenitud del Evangelio. Fue otorgada simplemente para mantenerlos siempre en el recuerdo de Dios y prepararlos para el regreso a la ley superior (Véase Mosíah 13:30 en el Libro de Mormón).
Moisés y la zarza ardiente – Jerry Thompson
“Estrictamente hablando, la Ley de Moisés abarca los cinco primeros libros del Antiguo Testamento – que los judíos denominan la Torá. Estos cinco libros de Moisés (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) son también llamados Pentateuco, pero en el Nuevo Testamento éstos son normalmente conocidos como “la Ley”. El término “la Ley” se utilizaba en algunos casos para hacer referencia a todo el Antiguo Testamento, pero por lo general se hacía una distinción entre los libros de Moisés (la Ley) y aquellos que escribieron los profetas posteriores (los Profetas); de ahí la costumbre en tiempos de Jesús de referirse a las Escrituras hebreas como “la Ley y los Profetas” (por ejemplo, Mateo 5:17; Mateo. 7:12).
La Ley fue revelada por Dios a Moisés en el monte Sinaí y llegó a ser respetada incluso por los gentiles debido a su antigüedad y su amplia equidad. En los tiempos de Jesús, la Ley era considerada como el código penal, civil y religioso del pueblo judío, y permaneció así durante más de mil años. La Ley los ha guiado en todos los aspectos de la actividad humana durante tanto tiempo que incluso los judíos no llegaban a concebir fácilmente la vida sin “la Ley” (Stephen E. Robinson, “The Law after Christ-La Ley después de Cristo”, Ensign-revista SUD en inglés, septiembre de 1983, pág. 69).
Robinson, quien era profesor asistente de religión en el estado de Pennsylvania cuando se escribió el artículo, explicó que muchos judíos estaban molestos con Jesús por enseñar que la ley de Moisés era una ley temporal y menor, ya que para ellos se había convertido “en la misma voluntad divina – perfecta, absoluta, inmutable e inalterable por siempre. La ley era considerada como la voluntad de Dios expresada exacta y precisamente; por lo tanto, cualquier desviación en la carta de la Ley de Moisés también era una desviación de Dios. No había lugar para la flexibilidad o “circunstancias atenuantes”.
Jesús vivió la ley de Moisés y enseñó a sus seguidores a hacer lo mismo hasta que se cumpliera la expiación. Él dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido (Mateo 5:17-18 en el Nuevo Testamento de la Biblia del Rey Santiago).
Cuando Jesús expió por nuestros pecados, la Ley de Moisés se cumplió y el pueblo pudo tener una ley superior.
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas”, dijo Jesús. “No he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). El significado de este versículo puede ser ampliado a través de una traducción alterna: “No penséis que he venido a abolir la Torá o los Profetas, no he venido para abolir sino para completar, para que su significado sea pleno” 1. La palabra hebrea Torá, que literalmente significa “enseñanza o doctrina”, es traducida en el Nuevo Testamento a partir de la palabra griega nomes, que significa “ley”. Por lo tanto, lo que Jesús estaba transmitiendo es que cuando Él hablaba o enseñaba sobre la ley de Moisés, Él entregaría un significado más completo y pleno. La ley había sido dada a Moisés por Jehová, quien estaba ahora sobre la tierra en Su ministerio mortal como Jesucristo; por lo tanto era Su prerrogativa realizar el significado de la ley, las enseñanzas y la doctrina “plena” y “completa”.
Jesús usó la ley de Moisés ya que estaba destinada a purificar la vida y enseñar sobre la salvación a través del Mesías. La ley de Moisés, correctamente entendida y aplicada, elevaría al hombre natural a un nivel espiritual y lo fortificaría contra la astucia del diablo (Véase Thomas F. Olmstead, “The Savior’s Use of the Old Testament-El uso que el Salvador hacía del Antiguo Testamento”, Ensign-revista SUD en inglés, julio de 2002, pág. 47).
Olmstead señaló también que Jesús utilizó la ley para ayudar a explicar sus propias acciones, como la curación en el día de reposo. Él enseñó la ley. Olmstead explica: “Jesús no rechazó la Ley de Moisés – la Torá – tal como se encuentra en el Antiguo Testamento. Más bien, Él la utilizó para afirmar su propia verdad y dar un sentido más completo”. Los mormones se refieren al significado más completo como la ley superior.
Para el pueblo judío de la época, esto era algo difícil de comprender. Robinson explicó: “Además, la mayoría de judíos del tiempo de Jesús había llegado a creer que la salvación llegaría sólo por medio de la observancia de la Ley de Moisés, como la expresión más alta posible de la voluntad de Dios, y de ninguna otra manera”.
En contraste, James Faust, un antiguo líder mormón en la época moderna, dijo: “…la sola intención de la persona llega a ser parte de lo correcto o de lo incorrecto de la acción humana; por tanto, nuestra intención de obrar mal o nuestro deseo de hacer el bien se juzgarán independientemente de nuestras obras. Se nos dice que seremos juzgados en parte por la intención que albergue nuestro corazón” (véase James E. Faust, “El fiador de un mejor pacto”, Liahona, septiembre de 2003, págs. 2-6.). Esta fue la ley presentada por Jesús durante su ministerio. Aunque se requiere obediencia, también se necesita intención y fe. Una persona debe creer, no sólo llevar a cabo las acciones apropiadas. Este es un cambio de lo que se enseñó en los tiempos de Jesús.
Jesús enseñó a Sus seguidores a obedecer la ley y luego llevarla a un nivel superior. Él enseñó que la ley decía que cometer adulterio era un pecado, además la ley superior decía que era un pecado incluso considerar la posibilidad de adulterio o pensar de manera inapropiada en alguien que no sea su esposo o esposa. Ya no era suficiente sólo ser físicamente fiel al esposo o esposa – tenían que ser fieles también emocionalmente. Si bien la ley enseñó que no se debe matar, Jesús añadió la obligación de evitar sentir rencor por las personas. Ya no era suficiente evitar su muerte. Cada ley fue llevada a un nivel superior, que exigía más fe por parte de los creyentes.
Una parte importante de la ley era la ley de sacrificio. Los israelitas fueron obligados a sacrificar sus animales. Los cristianos hoy en día más bien se sacrifican a sí mismos. Jesús hizo el sacrificio supremo de morir por nuestros pecados, y cada día de reposo, recibimos el sacramento de pan y agua para recordar aquel sacrificio. Pero también estamos obligados a hacer sacrificios personales. Dios nos pide renunciar a nuestros deseos mundanos y centrar nuestras vidas en torno a Él. Cuanto más grande sea nuestra fe, más capaces somos de hacer sacrificios por Dios.
Élder Ballard enseñó: “Aunque se cumplió la ley de Moisés, los principios de la ley de sacrificio continúan siendo parte de la doctrina de la Iglesia, pues el propósito principal de esta ley sigue siendo el probarnos y el ayudarnos a venir a Cristo. Después del sacrificio supremo del Salvador, se hicieron dos ajustes en la práctica de esa ley. El primero es que la ordenanza de la Santa Cena reemplazó a la del sacrificio; y el segundo es que ese cambio se centrara, no en el animal de una persona, sino en la persona misma. En un sentido, el sacrificio cambió de la ofrenda al oferente”.
¿Qué significa la Ley de Moisés para un mormón? Robinson indica que en los primeros días de la iglesia esto fue un gran motivo de preocupación para los que pertenecían a la misma, especialmente para aquellos que se convirtieron al judaísmo. Ellos querían saber si el Evangelio restaurado era una adición a la ley de Moisés, o si se trataba de una ley completamente nueva. Jesús había respondido a esa pregunta con toda claridad en Su ministerio terrenal. Se trataba de una ley diseñada para llevar a la gente a Jesús y para ayudarles a entender los sacrificios que Él haría por ellos. La ley se cumplió mediante la expiación de Jesús. Algunos aspectos de la misma, incluyendo el sacrificio, siguen siendo parte del evangelio, pero de una manera más personal, a través del sacrificio personal del egoísmo y la mundanería, no del sacrificio de animales. La ley de Moisés no tenía el poder de salvarnos – sólo la expiación podía hacer eso. A pesar de esto, fue un paso importante en la progresión del hombre.
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