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¿Cuáles son las principales doctrinas del mormonismo?

Sábado, 19 marzo, 2011

Cuando las personas hablan de las creencias mormonas, por lo general se enfocan en las pequeñas cosas que no son importantes, que no se enseñan actualmente, y que ni siquiera se practican hoy en día. Al hacer esto, esas personas pierden la oportunidad de entender cómo se vive hoy el mormonismo e incluso la manera como éste se enseñó originalmente.

La expiación de Jesucristo es esencial para las creencias mormonas.

Para entender el mormonismo, usted debe enfocarse en las doctrinas principales, aquellas cosas que son canonizadas como doctrina oficial y son enseñadas constantemente. Aunque a veces las prácticas de la iglesia cambie, la verdad no.

Existen algunas pautas que le pueden ayudar a evaluar si una enseñanza es una doctrina central o no–– o incluso una verdadera doctrina de la creencia mormona.

Primero, es importante entender que cada palabra que dice un profeta no es necesariamente una doctrina, particularmente en los primeros días de la iglesia. En los inicios, la iglesia funcionaba de manera más informal. Las personas hablaban entre sí y a veces otros tomaban notas y publicaban aquellas conversaciones o especulaciones informales de los líderes de la iglesia.

El Diario de Discursos es la fuente común para que las personas de otras religiones especulen. El Diario de Discursos no es una publicación oficial de la iglesia y no se usa como una fuente de doctrina oficial. Fue compilado por personas que tomaron notas en taquigrafía de los discursos, las oraciones, los sermones, y otros eventos y luego los transcribían. Sin embargo, no todas las transcripciones eran precisas. Ninguna fue evaluada ni aprobada por los líderes de la iglesia como declaraciones oficiales de la doctrina. El diario fue publicado en privado en Inglaterra para proporcionar ganancias al dueño de los diarios, aunque Brigham Young aprobó el proyecto como una forma para que los europeos mormones supieran lo que sucedía en Utah. Éste era básicamente el equivalente de un periódico. En la actualidad, los mormones tienen a Deseret News, pero los artículos que aparecen en el diario no se consideran como doctrina oficial, ni tampoco los artículos del Diario de Discursos. Al tener disponibilidad de la tecnología moderna, muchos errores se han documentado oficialmente.

Debido a que la iglesia era pequeña, incluso en la Conferencia General, ahora un evento formal, las personas eran libres para formular preguntas. Debido a que las creencias mormonas se centran en la revelación continua y el aprendizaje “línea sobre línea”, la mayoría de la doctrina aún no se conocía. Por lo tanto, los líderes a veces especulaban sobre las posibles respuestas. Estas especulaciones no llegaban a ser una doctrina a menos que Brigham Young u otros profetas oraran y recibieran la confirmación de la veracidad de la doctrina. De otro modo, era una simple opinión e incluso a un profeta se le permite tener una opinión.

Entonces, ¿cómo sabe uno si algo es una doctrina oficial? Tanto las páginas web oficiales mormonas Mormon.org (dirigida a personas que no son SUD) y LDS.org (dirigida más a los mormones pero que está disponible para todos) contienen declaraciones oficiales de la doctrina. Busque las declaraciones oficiales ahí.

Es importante recordar que no toda doctrina tiene el mismo peso o importancia. Además, es importante recordar que una iglesia que no rechaza permitir que Dios continúe hablando y dirigiendo, la doctrina se da en mayores pasos cada vez, lo que los mormones llaman aprendizaje línea sobre línea. Esto significa que a los mormones, a través de los años, se les ha dado una doctrina adecuada sólo para un periodo de tiempo o doctrina que puede ser considerada como doctrina nueva. A medida que incrementaba el número de miembros de la iglesia y las personas se informaban más sobre el evangelio, Dios añadió gradualmente a sus conocimientos. Una manera sencilla para entender la manera en que esto funciona es leer los manuales de lecciones escritos para niños. A pesar de que el mismo tema pueda cubrirse en cada grupo de edad, a los niños más adultos se les da información más compleja porque están listos para ésta. Dios enseña a los mormones en etapas cada vez más complejas.

José Smith resumió trece Artículos de fe que explicaban las creencias principales de ese momento.  Éstos aún se enseñan e incluso los niños los memorizan. El leer los artículos puede ayudar a los alumnos sinceros del mormonismo, aquellos dispuestos a aprender sólo lo que es verdadero acerca de los mormones, a reconocer la doctrina principal. El primer Artículo de fe es lo esencial del mormonismo.

“Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”.

Esto crea un fundamento sobre el que todas las otras doctrinas sean basadas. El primer Artículo de fe hace posible el cuarto, que resume de manera sucinta lo esencial del mormonismo:

“Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo.”

La fe en Jesucristo es crucial en la misión y la doctrina de las creencias mormonas. El arrepentimiento, es la segunda parte de este artículo de fe, se refiere a la creencia mormona en la expiación de Jesucristo y la importancia tanto de la gracia como del arrepentimiento en el proceso de vivir un estilo de vida cristiano. El bautismo, realizado de la misma forma en que Jesús fue bautizado, permite a las personas ser perdonadas por sus pecados y es un resultado de la gracia, que llega a nosotros por medio de la expiación. El Espíritu Santo fue un don que el mismo Jesús prometió enviar a Sus seguidores cuando Él se hubiera ido.

Otro principio del mormonismo es el de la revelación constante. En ninguna parte de la Biblia se menciona que cuando Jesús muriera, Dios nunca más volvería a comunicarse con Sus hijos o enviarles profetas. Cuando los profetas vivían, ellos recibieron revelación y guía de Dios y actuaban como apóstoles, profetas, y reveladores. Cuando ellos murieron, Dios se apartó por un tiempo, evento conocido como apostasía. Esto no quiere decir que Dios no está dispuesto a tener profetas en la tierra en un momento determinado, sino que los mortales no siempre están dispuestos a aceptar y honrar a los profetas. Cuando esto sucede, ellos son los que quitan el don de la profecía de la tierra. Esto sucedía frecuentemente en la Biblia y sucedió por un largo periodo de tiempo después de que los apóstoles murieron.

Sin embargo, la Biblia nos asegura que Dios no hará nada salvo sino por medio de sus profetas. (Véase Amós 3:7). Esto significa que con el fin de prepararnos para el retorno de Jesucristo, otra doctrina esencial del mormonismo, Dios debe restaurar a los profetas a la tierra. Él hizo esto cuando escogió a José Smith como Su primer profeta en los últimos días. En la actualidad, la Iglesia está liderada por Thomas S. Monson, el profeta mormón.

No hay duda de la necesidad de un profeta en el mundo actual. Un corto paseo por la mayoría de los pueblos muestra una gran cantidad de iglesias, todas con doctrinas contradictorias. Evidentemente la doctrina original fue corrompida al pasar del tiempo–– este proceso empezó incluso durante el tiempo del Nuevo Testamento, dejando que los apóstoles luchen regularmente para superar malos entendidos sobre la doctrina. Sin un profeta, ningún hombre puede hacer más que solo adivinar lo que Dios quiere de nosotros en la actualidad o lo que las doctrinas específicas quieren decir. La revelación de los tiempos modernos es la clave para brindar a las personas una oportunidad justa para prepararse para la Segunda Venida.

Otra doctrina principal del mormonismo es la vida familiar. Las creencias mormonas comprenden las enseñanzas sólidas sobre lo sagrada que es la unión familiar. Dios planificó que las familias existiesen para ayudarle a Él a extender Su obra en la tierra y es una razón por la que estamos en la tierra. Los mormones enseñan que el plan de Dios para las familias de hoy es que éstas incluyan una madre y un padre que deben durar para siempre. Los mormones pueden contraer matrimonio en un templo mormón y “sellar” su matrimonio por tiempo y toda la eternidad. Esto significa que no obtienen un divorcio hasta la muerte, sino que continúan en matrimonio para siempre si viven dignos de las más grandes bendiciones de Dios. Además, los padres y los hijos se unen para siempre, algo que la mayoría de las personas entienden instintivamente, incluso si dicen que no creen en eso. Escuchar los comentarios en un funeral por lo general revela una profunda creencia en las familias eternas. (“mamá y papá están juntos de nuevo”).

Fundamental para la doctrina mormona es el Plan de Salvación. Esta es la historia de nuestra vida eterna y unifica las enseñanzas más importantes de los mormones.

Nuestras historias empezaron cuando Dios creó nuestros espíritus. Nosotros vivimos con Él como espíritus por un buen tiempo, aprendiendo la verdad, aprendiendo amar a Dios, y decidiendo qué tipo de persona queríamos ser. Finalmente, como es el caso de los niños que viven en casa, no podríamos avanzar sin dejar el hogar y salir “al mundo”, uno que Dios y Jesús nos prepararían. Él explicó que cuando estuviéramos allá perderíamos la memoria del tiempo con Él porque este viaje era de fe. Sin embargo, podríamos ganar cuerpos y familias y el Espíritu de Cristo iría con nosotros para ayudarnos a reconocer la verdad si quisiéramos encontrarla.

Durante nuestro tiempo aquí enfrentaríamos pruebas––diferentes pruebas para cada persona––y podríamos escoger nuestras respuestas a ellas. El albedrío era, de hecho, clave para la experiencia. Nuestras opciones, como al profeta mormón Thomas Monson le gusta decir, determinarían nuestro destino. Sin embargo, no podríamos escoger las consecuencias de esas acciones.

Dios sabía que todos pecaríamos, y Él quiso hacer posible que nosotros regresáramos a Él incluso después de haber pecado. Él nos ama y quiere que nosotros regresemos a casa. Por esta razón, Él prometió enviar un Salvador que viviría en la tierra por un tiempo, enseñaría el evangelio, y tomaría nuestros pecados sobre Sí, salvándonos mediante la gracia. Esta gracia nos permitiría levantarnos de la muerte, arrepentirnos, y regresarlo a Dios si guardábamos los mandamientos. La gracia no puede comprarse––no tenemos, en nosotros mismos, el poder para llevar a cabo la resurrección o lograr el perdón. Sin embargo, la Biblia es muy clara que solo a aquellos que guardan los mandamientos y que se arrepienten de sus pecados se les permitirá regresar a Dios.

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). La Biblia nos advierte que la fe sin obras es muerta. Si usted dice que cree y acepta a Jesucristo como su Salvador, está diciendo solo palabras a menos que obedezca esas palabras.

Algunos no estaban dispuestos a aceptar a Jesucristo como su Salvador, prefiriendo las promesas improvisadas de Satanás para salvar a las personas sin ningún riesgo de ningún tipo. Eso significaba que nosotros tampoco tendríamos albedrío. Seríamos simplemente marionetas de Satanás y esto llevaría a tener una vida sin sentido. Un tercio de los espíritus escogió seguir a Satanás y se les negó la oportunidad de venir a la tierra. A todos aquellos que estaban dispuestos a comprometerse con Jesús se les permitió nacer.

La vida aquí en la tierra no es fácil, pero está diseñada para dejarnos tener oportunidades para el crecimiento. Ésta nos permite buscar y encontrar la verdad, si es posible.

Pero por supuesto, esto no es posible para todos. Algunas personas viven sus vidas sin nunca haber escuchado de Jesucristo–– algunos porque vivieron antes de que Él nazca y otros porque el evangelio simplemente nunca llegó a ellos. Al pasar de los siglos, los teólogos han discutido sobre lo que sucede con esas personas. ¿Dios los castigaría injustamente por algo que estaba fuera de su control?

No, por supuesto que no. Dios es amoroso y justo y Él nos envío aquí. Esto significa que Él nos dará a todos una oportunidad justa para aceptar o rechazar Su evangelio. Aquellos que mueren sin haber tenido esa oportunidad, lo recibirán después de su muerte––no una segunda oportunidad sino una primera, la única manera en que un Dios amoroso escogería hacerlo. Ellos pueden, exactamente como nosotros, aceptar o rechazar las enseñanzas de Jesucristo y aceptar las bendiciones y consecuencias de sus decisiones.

Nuestro Padre Celestial nos brinda el Plan de Salvación, un plan brillante, verdadero y bondadoso, diseñado para darnos la oportunidad de llegar a ser todo lo que Él quiso que fuéramos.

A medida que continúe estudiando las páginas web oficiales de la iglesia, anote lo que se enseña actualmente a los mormones en sus clases. Los manuales de lecciones están disponibles en línea. Estas enseñanzas son las principales. A los mormones se les imparte solo doctrinas esenciales––esas que los profetas actuales enseñan y que afectan a nuestra salvación eterna.

La obediencia a las leyes proporciona libertad

Miércoles, 13 enero, 2010

A veces se piensa que los mormones tienen muchas reglas prohibitivas. Pero ellos saben que dentro de las reglas existen muchas oportunidades para la libertad, y que esas reglas en realidad los hacen ser más libres que aquellos que no tienen reglas.

Un ejemplo muy utilizado de libertad dentro de una estructura es el soneto. Un soneto es un poema con reglas muy estrictas.

Cada soneto de Shakespeare contiene catorce líneas. Cada línea tiene diez sílabas escritas en pentámetro yámbico. A pesar de esta estructura muy estricta, Shakespeare logró crear 154 sonetos, todos diferentes,  y muchas otras personas también lo hicieron basándose en esta fórmula. La estructura no impide que las personas sean creativas y que escriban algo relacionado a sus sentimientos. Más bien, de hecho brinda libertad al autor. Teniendo la estructura en su lugar, el poeta es libre de enfocar toda su atención en el mensaje y en redactar el poema, el cual, después de todo, es el propósito de un poema.

Del mismo modo, un mormón es libre de llevar una vida de gran variedad sin incumplir ningún mandamiento. Existen mormones con muchas profesiones diferentes, que viven estilos de vida muy diferentes y les va bien en buena parte de sus culturas y vecindades. Tienen similitudes, porque tienen ciertos valores y prácticas en común, pero existen miles de modelos de vida sin esa estructura.

La estructura que las enseñanzas de la Iglesia les proporciona, les permite una mayor libertad de la que es posible para la mayoría de las personas. Es mucho trabajo tener que decidir por uno mismo qué es lo correcto o lo erróneo, meditando, analizando e investigando, y luego haciendo constantemente una serie de correcciones en el curso para encajar en las normas de la sociedad. Aunque los mormones siempre aprendieron por ellos mismos diferentes temas, saben que pueden acudir a Dios para una respuesta final, en vez de constantemente, a lo largo de sus vidas, tener que observar detalladamente sus preferencias en contra de las prioridades de modas siempre cambiantes y valores que hay en el mundo.

La verdad es inalterable,  y una vez que un mormón ha decidido cuál es la verdad, es libre de seguir adelante y enfocarse en otros aspectos de su vida, como construir una familia sólida y servir a los demás. Las prioridades están establecidas, así que ellos pueden estructurar sus vidas de acuerdo a ellas. Ésta puede ser una de las razones de por qué los Mormones a menudo están al frente de muchos movimientos y servicios importantes. Ellos tienen tiempo de hacerlo porque no están constantemente reconstruyendo sus fundamentos.

N. Eldon Tanner dijo:

“Debemos conocer y entender las doctrinas para ser obedientes, y debemos ser obedientes para ser libres. Esto se aplica a las leyes de Dios y a las leyes de la tierra. Con mucha frecuencia pensamos en la libertad sólo como la calidad o el estado de ser libres de la limitación o compulsión externa, y no sometida a la voluntad de otro, donde tenemos el poder de elegir con cada persona libre de “hacer sus propias cosas”, independientemente de las consecuencias en él o en otros.

Brigham Young declaró:

“No existe hombre entre nosotros que no esté deseoso de reconocer de inmediato que Dios pide estricta obediencia a sus mandamientos. Pero al rendir esa obediencia estricta, ¿nos volvemos esclavos? No, es la única manera sobre la faz de la tierra de que usted y yo seamos libres, y si tomamos otro rumbo, nos volveremos esclavos de nuestras propias pasiones, y de las de los inicuos, … y sirvios del diablo” . (Diario de Discursos, 18:246)

N. Eldon Tanner, “Ustedes sabrán la verdad”, Ensign-revista SUD en inglés, mayo de 1978, pág. 14

Los mormones hacen una elección importante y eso permite que otras elecciones caigan en su propio lugar. En algún punto en sus vidas, ya sea que sean conversos o hayan asistido toda su vida a la Iglesia, cada uno de ellos se toma el tiempo para decidir por ellos mismos que la Iglesia es verdadera y que Dios ha restaurado su evangelio y mandado un profeta para que nos guíe. Esto no es fe ciega, porque ellos han ido a la única fuente de verdad para saber si ellos están o no siguiendo a alguien que está recibiendo instrucciones de Dios. Ellos no necesitan confiar en la palabra del profeta diciendo que él es el profeta hasta que Dios esté de acuerdo. En cualquier momento en el futuro, un mormón puede orar sobre una doctrina específica de la cual no esté seguro, pero generalmente encuentra innecesario rezar acerca de cada enseñanza. Esto se parece mucho a cuando un niño aprende que una estufa caliente quemará su mano si la toca. Seguirá probándolo unas cuantas veces más, pero después de eso, no tendrá necesidad de hacerlo cada vez que se encuentre con una estufa caliente, o incluso otra cosa diferente que esté caliente. Él simplemente actúa de acuerdo a lo que ya ha aprendido y toma precauciones cada vez que se encuentra con algo caliente.

Sheri Dew, un mormón destacado dijo:

Personalmente conozco decenas de miles de jóvenes y adultos jóvenes que están viviendo vidas moralmente limpias. Ellos son felices, productivos y están esperando con ansias comprometerse en matrimonio. La pureza moral no es anticuada. Por supuesto que tampoco es fácil.  Pero sostengo que es más fácil que la alternativa. Los hombres y mujeres virtuosas nunca se preocupan por un embarazo inesperado o por enfermedades de transmisión sexual. Nunca están angustiados por la confesión de alguna infidelidad. No se sienten vacios después de una noche de aventura. No hay dolor por perder a alguien de la familia por la infidelidad. No hay recuerdos acechantes de indiscreciones. Citando a C. S. Lewis, “La virtud-incluso la virtud frustrada-trae luz; la indulgencia trae tiniebla”. 10 (Ver Sheri L. Dew: El Poder de la Virtud-en inglés)

Es la libertad del temor, consecuencias negativas e incertidumbre lo que le da a los mormones seguridad y paz, y la libertad de llevar una vida significativa y llena de gozo.

¿Creen los mormones que uno puede labrar su camino al cielo?

Miércoles, 13 enero, 2010

Esta pregunta es hecha a menudo por evangelistas, y es, en general, un malentendido de las enseñanzas mormonas sobre lo que ocurre después de la muerte y cómo lo controlamos

Muchos evangelistas enseñan que una persona llega al cielo al ser “salvado”. Esto implica el acto de aceptar a Jesucristo como su Salvador personal. Al mismo tiempo, ellos enseñan que los actos no pueden llevarte al cielo. Los mormones también creen que una persona debe aceptar a Jesucristo como su Salvador, a fin de regresar a la presencia de Dios después de la muerte. Ambos grupos coinciden en que, al menos, se requiere un acto de todos nosotros a fin de estar con Dios.

La confusión sobre el número de actos necesarios para ser salvados proviene de las diferencias en la terminología utilizada por los mormones. Los mormones creen que todos se salvan a través de la expiación de Jesucristo, aun si nunca aceptan a Jesucristo como su Salvador. Sin embargo, la gracia y la vida eterna, para un mormón, no son la misma cosa. Para entender esta compleja cuestión, echemos un vistazo a varios puntos esenciales.

¿Qué es gracia?

El Diccionario Bíblico, localizado en ediciones SUD de la Biblia del Rey Santiago, define gracia para nosotros:

Es a través de la gracia del Señor Jesús, gracias a su sacrificio expiatorio, que la humanidad se levantará en inmortalidad, cada persona recibirá su cuerpo desde la tumba en una condición de vida eterna. Asimismo, es a través de la gracia del Señor que las personas, a través de la fe en la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento de sus pecados, reciben la fuerza y la ayuda para hacer buenas obras que de otro modo no podrían mantener si se les dejara bajo sus propios medios. Esta gracia es un poder que permite a los hombres y mujeres alcanzar la vida eterna y la exaltación después de haber agotado sus propios esfuerzos. (Véase el Diccionario Bíblico).

En otras palabras, la gracia nos permite resucitar de entre los muertos, recibir nuestros cuerpos de nuevo desde la tumba de una forma perfeccionada y la vida eterna. Esto es posible sólo porque Jesucristo voluntariamente entregó su vida por nosotros después de tomar los pecados del mundo. Ningún ser totalmente humano fue capaz de hacer esto por Sí mismo. Si Cristo no hubiera hecho este sacrificio por nosotros, la vida terminaría con la muerte, porque ninguno de nosotros puede vivir una vida perfecta o satisfacer las exigencias de la justicia plenamente. Sólo Jesús, con una madre mortal y un Padre Celestial, podía vivir perfectamente y elegir morir por nosotros.

Cada persona, entonces, resucita y se le da un lugar para pasar la eternidad. Sin embargo, el vivir para siempre no es la suma total de nuestras metas para la eternidad, si amamos a Dios. Nosotros, quienes Lo amamos, queremos vivir con Él en Su hogar para siempre. Esto requiere un poco más. Una vez más, es la gracia que hace posible este regalo adicional. Sin gracia, no podríamos arrepentirnos de los pecados que cometemos aquí en la tierra.

 

¿Por qué es importante el arrepentimiento?

Para ello, tenemos que buscar en la Biblia, donde encontramos las siguientes Escrituras:

No todo el que ame dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21)

El Libro de Santiago, que se cree que es el hermano de Jesús, tomo este pensamiento aún más profundamente y responde a la pregunta sin lugar a dudas:

17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?

21 ¿No fue justificado por las obras nuestro padre Abraham, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por ajusticia, y fue llamado amigo de Dios.

24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

25 Asimismo, Rahab, la ramera, ¿no fue justificada por las obras, cuando recibió a los mensajeros, y los envió por otro camino?

26 Porque como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta. (Santiago 2)

Santiago señala que creer en Dios es bueno, pero incluso Satanás cree en Dios. No, se requiere más que simplemente creer. Él explica, usando a Abraham y Rahab como ejemplos, que ellos obedecieron los mandamientos porque tuvieron fe y esa fe fue perfeccionada cuando optaron por no sólo creer, sino hacer lo que Dios les enseñó a hacer. Fue la combinación de fe y obras las que los hizo perfectos a los ojos de Dios. Tenga en cuenta especialmente la inclusión de Rahab. Es una mujer que fue una prostituta, así que no era un profeta u otra persona que podríamos normalmente pensar sostener como un ejemplo. Si analizáramos sólo un aspecto de su vida, la veríamos como un alma perdida, pero Dios la ve como más y nota que ella tomó valientes decisiones que ayudaron a avanzar la obra de Dios. Ella fue, en realidad, catalogada como un ancestro de Jesucristo. Esto no le da el derecho de pecar como ella desea, pero demuestra que las buenas obras que hizo, importaron y contaron en el largo plazo.

Vemos entonces, que la fe y las obras deben trabajar juntas como un total unificado a fin de que cualquiera de ellas “nos lleve al Cielo”.

¿Pueden los mormones (o alguien más) labrar su camino al Cielo?

No. Una persona mala que hizo buenas obras no podría ir al Cielo. Una persona que hizo buenas obras todos los días no sería admitido ante la presencia de Dios a menos que también haya aceptado a Jesucristo como Su Salvador y a menos que Sus buenas obras fueran una manifestación externa del la fe privada en su corazón.

Una persona que verdaderamente ama a Dios querrá hacer Su voluntad. Cuanto mayor sea nuestra fe, más fácil es tomar buenas decisiones. Una persona que dice que tiene fe, que proclama públicamente que ha aceptado a Jesucristo como su Salvador, pero quien habla felizmente de su vida robando bancos o hiriendo a otros y que no se molesta arrepentirse no va a ser admitido en el cielo, como Jesús aclaró, porque su fe no es real y porque ninguna cosa impura puede entrar en la presencia de Dios. La fe sin obras es fe muerta, pero también las obras sin fe, obras muertas. Nadie puede vivir una vida perfecta, pero tenemos la responsabilidad de arrepentirnos cuando hacemos mal y que continuamente esforzarnos por guardar los mandamientos.

El Libro de Mormón enseña:

23 Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos;

26 Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados. (2 Nefi 25)

Es sólo a través de Jesucristo que la gente puede salvarse. Si queremos vivir con Dios, en lugar de simplemente vivir eternamente lejos de Su presencia, debemos tener fe y también debemos guardar los mandamientos, como Jesucristo nos instruyó.

¿Creen los mormones que uno puede labrar su camino al cielo?

Martes, 12 enero, 2010

Esta pregunta es hecha a menudo por evangelistas, y es, en general, un malentendido de las enseñanzas mormonas sobre lo que ocurre después de la muerte y cómo lo controlamos

Muchos evangelistas enseñan que una persona llega al cielo al ser “salvado”. Esto implica el acto de aceptar a Jesucristo como su Salvador personal. Al mismo tiempo, ellos enseñan que los actos no pueden llevarte al cielo. Los mormones también creen que una persona debe aceptar a Jesucristo como su Salvador, a fin de regresar a la presencia de Dios después de la muerte. Ambos grupos coinciden en que, al menos, se requiere un acto de todos nosotros a fin de estar con Dios.

La confusión sobre el número de actos necesarios para ser salvados proviene de las diferencias en la terminología utilizada por los mormones. Los mormones creen que todos se salvan a través de la expiación de Jesucristo, aun si nunca aceptan a Jesucristo como su Salvador. Sin embargo, la gracia y la vida eterna, para un mormón, no son la misma cosa. Para entender esta compleja cuestión, echemos un vistazo a varios puntos esenciales.

¿Qué es gracia?

El Diccionario Bíblico, localizado en ediciones SUD de la Biblia del Rey Santiago, define gracia para nosotros:

Es a través de la gracia del Señor Jesús, gracias a su sacrificio expiatorio, que la humanidad se levantará en inmortalidad, cada persona recibirá su cuerpo desde la tumba en una condición de vida eterna. Asimismo, es a través de la gracia del Señor que las personas, a través de la fe en la expiación de Jesucristo y el arrepentimiento de sus pecados, reciben la fuerza y la ayuda para hacer buenas obras que de otro modo no podrían mantener si se les dejara bajo sus propios medios. Esta gracia es un poder que permite a los hombres y mujeres alcanzar la vida eterna y la exaltación después de haber agotado sus propios esfuerzos. (Véase el Diccionario Bíblico).

En otras palabras, la gracia nos permite resucitar de entre los muertos, recibir nuestros cuerpos de nuevo desde la tumba de una forma perfeccionada y la vida eterna. Esto es posible sólo porque Jesucristo voluntariamente entregó su vida por nosotros después de tomar los pecados del mundo. Ningún ser totalmente humano fue capaz de hacer esto por Sí mismo. Si Cristo no hubiera hecho este sacrificio por nosotros, la vida terminaría con la muerte, porque ninguno de nosotros puede vivir una vida perfecta o satisfacer las exigencias de la justicia plenamente. Sólo Jesús, con una madre mortal y un Padre Celestial, podía vivir perfectamente y elegir morir por nosotros.

Cada persona, entonces, resucita y se le da un lugar para pasar la eternidad. Sin embargo, el vivir para siempre no es la suma total de nuestras metas para la eternidad, si amamos a Dios. Nosotros, quienes Lo amamos, queremos vivir con Él en Su hogar para siempre. Esto requiere un poco más. Una vez más, es la gracia que hace posible este regalo adicional. Sin gracia, no podríamos arrepentirnos de los pecados que cometemos aquí en la tierra.

 

¿Por qué es importante el arrepentimiento?

Para ello, tenemos que buscar en la Biblia, donde encontramos las siguientes Escrituras:

No todo el que ame dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21)

El Libro de Santiago, que se cree que es el hermano de Jesús, tomo este pensamiento aún más profundamente y responde a la pregunta sin lugar a dudas:

17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras; muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.

20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?

21 ¿No fue justificado por las obras nuestro padre Abraham, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?

22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?

23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por ajusticia, y fue llamado amigo de Dios.

24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.

25 Asimismo, Rahab, la ramera, ¿no fue justificada por las obras, cuando recibió a los mensajeros, y los envió por otro camino?

26 Porque como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta. (Santiago 2)

Santiago señala que creer en Dios es bueno, pero incluso Satanás cree en Dios. No, se requiere más que simplemente creer. Él explica, usando a Abraham y Rahab como ejemplos, que ellos obedecieron los mandamientos porque tuvieron fe y esa fe fue perfeccionada cuando optaron por no sólo creer, sino hacer lo que Dios les enseñó a hacer. Fue la combinación de fe y obras las que los hizo perfectos a los ojos de Dios. Tenga en cuenta especialmente la inclusión de Rahab. Es una mujer que fue una prostituta, así que no era un profeta u otra persona que podríamos normalmente pensar sostener como un ejemplo. Si analizáramos sólo un aspecto de su vida, la veríamos como un alma perdida, pero Dios la ve como más y nota que ella tomó valientes decisiones que ayudaron a avanzar la obra de Dios. Ella fue, en realidad, catalogada como un ancestro de Jesucristo. Esto no le da el derecho de pecar como ella desea, pero demuestra que las buenas obras que hizo, importaron y contaron en el largo plazo.

Vemos entonces, que la fe y las obras deben trabajar juntas como un total unificado a fin de que cualquiera de ellas “nos lleve al Cielo”.

¿Pueden los mormones (o alguien más) labrar su camino al Cielo?

No. Una persona mala que hizo buenas obras no podría ir al Cielo. Una persona que hizo buenas obras todos los días no sería admitido ante la presencia de Dios a menos que también haya aceptado a Jesucristo como Su Salvador y a menos que Sus buenas obras fueran una manifestación externa del la fe privada en su corazón.

Una persona que verdaderamente ama a Dios querrá hacer Su voluntad. Cuanto mayor sea nuestra fe, más fácil es tomar buenas decisiones. Una persona que dice que tiene fe, que proclama públicamente que ha aceptado a Jesucristo como su Salvador, pero quien habla felizmente de su vida robando bancos o hiriendo a otros y que no se molesta arrepentirse no va a ser admitido en el cielo, como Jesús aclaró, porque su fe no es real y porque ninguna cosa impura puede entrar en la presencia de Dios. La fe sin obras es fe muerta, pero también las obras sin fe, obras muertas. Nadie puede vivir una vida perfecta, pero tenemos la responsabilidad de arrepentirnos cuando hacemos mal y que continuamente esforzarnos por guardar los mandamientos.

El Libro de Mormón enseña:

23 Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir, a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios; pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos;

26 Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados. (2 Nefi 25)

Es sólo a través de Jesucristo que la gente puede salvarse. Si queremos vivir con Dios, en lugar de simplemente vivir eternamente lejos de Su presencia, debemos tener fe y también debemos guardar los mandamientos, como Jesucristo nos instruyó.

¿Cómo confiesan sus pecados los mormones?

Domingo, 12 julio, 2009

Las creencias mormonas enseñan que cualquier persona que ha alcanzado la edad de la responsabilidad (ocho años de edad) deba confesar sus pecados. Sin embargo, no todos los pecados deben confesarse ante un líder eclesiástico.

El proceso de arrepentimiento implica varios pasos. El primer paso es tener fe en Dios. Sin fe, el arrepentimiento no es posible, porque todo el proceso se basa en nuestra fe en Dios. Si una persona que ha pecado carece de fe, entonces la consolidación de esa fe es parte del proceso de arrepentimiento.

El siguiente paso es sentir pesar por el pecado. El arrepentimiento es absurdo cuando todo es fingido. El pesar no viene por haber sido descubierto o de enfrentar las consecuencias del pecado, sino de desobedecer a Dios. Cuando amamos a Dios, queremos complacerlo y vivir de la manera que Él nos pide. Por lo tanto, el arrepentimiento es un acto de amor, no de temor.

El segundo paso es pedir perdón. Aquí es donde entra la confesión. El pecador debe confesar su pecado a aquellos implicados o lastimados en el pecado y luego pedirles perdón. Los pecados más pequeños pueden manejarse sin la intervención eclesiástica. La persona que ha transgredido, simplemente puede ir donde las personas involucradas y disculparse.

Por ejemplo, si un padre ha perdido el control con sus hijos, el se disculparía con sus hijos y con Dios. Alguien que rompió una importante pieza de un equipo en el trabajo necesitaría confesarlo a su jefe y a Dios. Alguien que dio un discurso para dañar a su compañía necesitaría disculparse con todos los que pudieron haber oído el discurso, igual que con Dios. Cuanto más público sea el pecado, más público deberá ser el proceso de arrepentimiento.

Los pecados que pueden afectar la calidad de miembro de una persona, como las violaciones a la ley de la castidad o trabajar intencionalmente para dañar la Iglesia de Dios, requieren de la ayuda de un líder de la iglesia, comenzando por el obispo. Un obispo mormón es similar a un pastor o a un ministro. El líder de la iglesia no puede perdonar sus pecados, sólo lo puede hacer Dios. El papel del líder de la iglesia es dirigir el proceso. El pecado y el proceso de arrepentimiento deben mantenerse en privado a menos que el mismo pecador elija violar esa confidencialidad y distorsione lo que ha hecho la Iglesia durante el proceso de arrepentimiento. En ese caso, se puede decidir que la Iglesia puede aclarar la información, ya que el mismo pecador primero habló públicamente de la situación.

Finalmente, se requiere que la persona abandone el pecado para siempre. Este es, por supuesto, el paso más difícil, pero es la prueba de que el arrepentimiento fue sincero y completo. Se les enseña a los mormones que simplemente no pueden pecar con un plan para seguir con el arrepentimiento. No es un sincero arrepentimiento y se burla de la expiación, la cual hace que sea posible el arrepentimiento.

Las creencias mormonas enseñan que si el Salvador no hubiera estado dispuesto a hacer lo que hizo por nosotros, no hubiéramos podido volver ante la presencia de Dios. Nadie, sólo el Salvador pudo vivir una vida libre de pecado y llevar a cabo la Expiación. En el Jardín de Getsemaní, Jesucristo tomó sobre Sí cada pecado, los que ya habíamos cometido y cada uno de los que en el futuro cometeríamos. Él expió cada uno de nuestros pecados y lo hizo por cada uno de nosotros, sellando la expiación con Su muerte voluntaria en la cruz. No habría sido posible que Sus enemigos lo maten, si Él hubiese elegido no morir. Ya que él había elegido tanto el proceso tan doloroso de la expiación como la muerte en la cruz, ese fue Su regalo más grande para con nosotros. Puesto que Dios envió a Jesús, sabiendo lo qué pasaría y no detuvo el proceso, aunque debió haber sido doloroso permitir que pase, ese es el regalo más grande que Dios nos dio.

Entonces, para los mormones, la confesión es una etapa de un largo proceso de arrepentimiento y depende de la naturaleza del pecado y a quién afecte.

¿Cómo puede Dios dejar en el limbo a un bebé que muere?

Martes, 7 julio, 2009

El tema del limbo ha sido controversial dentro de la historia de la Iglesia Católica. Hace referencia a aquellos que mueren sin ser bautizados, pero que no han cometido pecados graves. Debido a que la tradición católica no permite ninguna capacidad para recibir el bautismo una vez que la muerte haya ocurrido, se cree que los niños que mueren sin ser bautizados no podrán ver a Dios cara a cara. En lugar de eso, viven en felicidad eterna, pero sin el don más grande que Dios ofrece al hombre. No consideran esto como castigo puesto que el niño será feliz. Enseñan que esto se hace necesario debido a la doctrina del pecado original, que se originó por la Caída de Adán.

Las creencias mormonas difieren mucho en este aspecto. Los mormones enseñan que las personas son sólo responsables de sus propios pecados y no de las decisiones que Adán o alguien más tomó. Los mormones enseñan que Dios es justo, y un Dios justo no hace responsable a las personas de situaciones que están más allá de su control.

La caída tiene un efecto en nosotros. Debido a eso, todos somos personas que morimos, tanto espiritual como corporalmente. La muerte espiritual es nuestra separación de Dios. A diferencia de Adán y Eva en el Paraíso, no tenemos acceso directo a la presencia en persona de Dios. Así como la justicia nos exige que paguemos un precio por la Caída, también nos exige que tengamos una manera de escapar de sus consecuencias eternas. Por esta razón, Dios nos envío un Salvador, Jesucristo, quien pagó el precio por nuestros pecados. La gracia, que sucedió mediante la expiación, nos permite ser resucitados y vivir para siempre, independientemente de nuestras decisiones en la tierra. Para tener acceso a las todas las bendiciones de la expiación, debemos arrepentirnos de nuestros pecados y trabajar para vivir las enseñanzas de Cristo.

No es un requisito en las creencias mormonas que los niños sufran algún castigo por morir antes de que puedan elegir bautizarse. Ellos están completamente cubiertos por la expiación de Jesucristo.

Un antiguo profeta del Libro de Mormón, Moroni, habló con mucha fuerza y pasión sobre este tema:

Y de esta manera me manifestó el Espíritu Santo la palabra de Dios; por tanto, amado hijo mío, sé que es una solemne burla ante Dios que bauticéis a los niños pequeños. He aquí, te digo que esto enseñarás: El arrepentimiento y el bautismo a los que son responsables y capaces de cometer pecado; sí, enseña a los padres que deben arrepentirse y ser bautizados, y humillarse como sus niños pequeños, y se salvarán todos ellos con sus pequeñitos. Y sus niños pequeños no necesitan el arrepentimiento, ni tampoco el bautismo. He aquí, el bautismo es para arrepentimiento a fin de cumplir los mandamientos para la remisión de pecados.

Mas los niños pequeños viven en Cristo, aun desde la fundación del mundo; de no ser así, Dios es un Dios parcial, y también un Dios variable que hace acepción de personas; porque ¡cuántos son los pequeñitos que han muerto sin el bautismo! De modo que si los niños pequeños no pudieran salvarse sin ser bautizados, éstos habrían ido a un infierno sin fin. (Moroni 8:9-15)

La Biblia enseña que el bautismo se realiza para la remisión del pecado. Sin embargo, el pecado requiere que el pecador sea responsable, es decir que tenga la edad suficiente, y que mentalmente capaz de comprender que ha hecho algo malo. Un niño no puede pecar porque es incapaz de comprender la diferencia entre lo bueno y lo malo. Puesto que no puede pecar, no necesita bautizarse y está cubierto por la expiación del Salvador.

Las creencias mormonas establecen que los niños no son responsables hasta la edad de ocho años y aún a esa edad, son responsables solamente de lo que saben. Un padre que, a sabiendas, exige que un niño haga algo en contra de las enseñanzas de Dios pagará el precio, pero no el niño, si no tuvo control sobre la decisión o le faltó el conocimiento para hacer lo correcto.

Los mormones no bautizan a los niños hasta que cumplen los ocho años de edad. Puesto que no pueden pecar, no es necesario el bautismo infantil. Los niños no tienen pecados que deban ser limpiados. Además, los mormones siguen el ejemplo de Jesucristo, a quien bautizaron por inmersión. Esto quiere decir que los sumergen totalmente en agua por un momento y luego los sacan, en un recuerdo simbólico de la muerte y resurrección del Salvador. Obviamente, a un niño pequeñito no se le puede sumergir. Debido a que el bautismo es también un momento en el que la persona que se bautiza hace convenios con Dios, esa persona debe tener la edad suficiente para hacer voluntariamente dichos convenios y comprender lo que ha convenido, puesto que se le hará responsable de los mismos.

Si un niño muere antes de su cumpleaños número ocho, es admitido ante la presencia de Dios, y con el tiempo, pasará a la adultez, en la que puede recibir todas las ordenanzas y privilegios de cualquier otro niño de Dios.

El Evangelio de Jesucristo es misericordioso y justo. Con sólo aplazar la necesidad del bautismo hasta que uno pueda comprender su propósito, y anular cualquier castigo por algo que una persona no puede controlar, se puede llevar a cabo la misericordia y justicia de Dios.

¿Se puede tener fe y aún creer en la ciencia?

Martes, 9 septiembre, 2008

Respuesta Personal de Jack

Esta es una muy buena pregunta y para reflexionar. Me imagino que muchas personas, en algún momento u otro, han sentido que quizás existe un conflicto importante entre la ciencia y la religión. La edad de la tierra, la manera en que fue creada, la evolución, los dinosaurios y muchas otras preguntas aparentemente confusas parecen impedir el tener fe en Dios y a la vez aceptar la evidencia recopilada del método científico sobre el descubrimiento de la verdad. (más…)

¿Cuál es el punto de vista de los mormones sobre la necesidad de educación?

Sábado, 3 mayo, 2008

Respuesta Personal de James Faulconer

Desde los inicios de su historia, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (los “mormones”) han valorado la educación. En 1832, dos años después de la fundación oficial de la Iglesia, una revelación dada al primer profeta de la Iglesia, José Smith, dice:

Y os mando que os enseñéis el uno al otro la doctrina del reino. Enseñaos diligentemente, y mi gracia os acompañará, para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os conviene comprender; de cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y de los reinos. (Doctrina y Convenios 88:77-79)

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¿Qué es gracia para un mormón?

Miércoles, 9 abril, 2008

Respuesta Personal de James Faulconer

jim-faulconer.jpgUna de las escrituras de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (“<st1:personname productid=”la Iglesia Mormona” w:st=”on”>la Iglesia Mormona”) es el Libro de Mormón, del cual se deriva el nombre por el que más nos conocen. En ese libro de escritura se nos enseña “Por tanto, mis amados hermanos, reconciliaos con la voluntad de Dios, y no con la voluntad del diablo y la carne; y recordad, después de haberos reconciliado con Dios, que tan sólo en la gracia de Dios, y por ella, sois salvos” (2 Nefi 10:24). El mismo escritor espiritual, más tarde, dice más brevemente: “Sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25:23). (más…)

¿Cuál es la posición de los mormones en cuanto al abuso?

Miércoles, 9 abril, 2008

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está en contra de todas las formas de abuso –espiritual, físico y emocional. El abuso es cualquier forma dañina de trato a otro, incluyendo la humillación, dominación, daño físico, psicológico y espiritual inflingido sobre otra persona. El Señor nunca justificó ningún comportamiento parecido sino más bien fue un Abogado de paz y armonía para Sus hijos. (más…)