La revelación es cómo Dios se comunica con nosotros, Sus hijos, mientras estamos lejos de Su presencia. Existen muchos diversos niveles de revelación y muchas maneras diferentes en que se puede recibir.
Nadie puede recibir revelación para un nivel de estructura del Evangelio mayor al que es llamado a llevar a cabo. Por ejemplo, un niño quien está intentando decidir cómo superar sus problemas en la clase de Matemáticas puede recibir revelación personal que le ayude con ese problema. Una madre puede recibir revelación que la ayude a entender cómo cuidar a sus hijos. Una líder que supervisa el programa para adolescentes en la iglesia puede recibir revelación para ayudarla a saber cómo servir mejor a la juventud en su programa. Un obispo (el equivalente mormón de un pastor secular) puede recibir revelación sobre cómo cubrir mejor las necesidades de su congregación. Cada persona puede recibir revelación personal relacionada con sus propias responsabilidades en la vida.
Sin embargo, sólo el profeta puede recibir revelación para toda la iglesia, ya que es su esfera de responsabilidad solamente. Desde el principio de los tiempos en la tierra, Dios ha utilizado a los profetas para recibir y compartir Sus mensajes a Sus hijos:
Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. (Amos 3:7)
La revelación no es adivinar la suerte. Cuando los mormones reciben la revelación de sus profetas, es siempre sobre temas críticos para la salvación eterna y tiene que ver con el comportamiento de las personas del mundo, no sólo de los mormones. Por ejemplo, cuando le dijeron a Noé que advirtiera a la gente a que se arrepienta o de lo contrario serían destruidos, la advertencia fue sincera y se les dio una manera de protegerse. Como pueblo, ellos podrían arrepentirse y la tormenta no comenzaría. O algunos de ellos podrían arrepentirse y ayudar a construir el arca, que acogería a cualquier persona que eligiera arrepentirse sinceramente, antes de que la lluvia comience a caer. Optaron por no hacer ninguna de las dos cosas, así que fueron destruidos. Noé, debido a su rectitud y su familia debido a él o a su propia dignidad, fueron salvados.
La revelación personal está disponible para cada persona que viva en la tierra y elija hacer lo que es necesario para recibirla. No sólo está abierta a los miembros de la iglesia de Dios. Aquellos que inician sus viajes pueden confiar en el Espíritu de Cristo y en el consejo periódico del Espíritu Santo. Posteriormente, los que han sido bautizados y confirmados por una persona que tiene autoridad de Dios puede recibir el don del Espíritu Santo para estar con ellos siempre; siempre y cuando vivan haciendo lo correcto.
LDS.org, la página oficial de los mormones, ofrece estos pasos para ayudar a las personas a prepararse para recibir revelación personal.
Ore pidiendo guía. Sea reverente. Sea humilde. Respete los mandamientos. Participe de la Santa Cena dignamente. Estudie las escrituras todos los días. Tome tiempo para meditar. Cuando se busque orientación específica, debemos estudiar el tema en nuestras mentes. Busque la voluntad de Dios pacientemente.
La revelación personal viene a través de un esfuerzo cooperativo entre el hombre y Dios. Él siempre está dispuesto a compartir las verdades que necesitamos para navegar en la vida, pero él también espera que hagamos nuestra parte. Note que los pasos antes mencionados requieren que nosotros aprendamos el evangelio para luego vivirlo; de manera que podamos tener el conocimiento suficiente para entender las respuestas que nos son dadas y otorgarnos el derecho a la compañía del Espíritu Santo. El Espíritu Santo no puede morar donde está la maldad, así que tenemos que trabajar para ser dignos de Su presencia y tener un espíritu humilde y digno para “oír” las respuestas que recibimos.
José Smith, el primer profeta de la Iglesia en la época actual, demuestra el procedimiento correcto para obtener revelación personal. Él era, generalmente, una buena persona. Él no era perfecto, por supuesto, sino que trabajaba duro, obedecía a sus padres e intentaba hacer lo correcto hasta donde lo entendía.
Mientras que la zona en la que vivió se quedó atrapada en una onda de conversiones y esfuerzos misionales por muchas iglesias, él comenzó a prestar atención a las enseñanzas de varias iglesias. Él tuvo un deseo de unirse a una iglesia, pero era incapaz de tomar decisiones a la ligera. Nos enseñaron que si necesitamos una respuesta específica, deberíamos primero estudiar el problema por nosotros mismos. José hizo esto al visitar las iglesias y los renacimientos y pensando a través de las enseñanzas él aprendió allí. Él preguntó a algunos de los ministros, intentando entender lo que le enseñaron y porque todos ellos enseñaron diferentes cosas pero reclamó que tanto ellos sólo estaban en lo correcto o que todas las iglesias estuvieron igualmente en lo correcto, incluso si ellos se contradijeron el uno al otro. Él pasó tiempo pensando detenidamente (reflexionando) en el problema.
Este proceso no le daba las respuestas que él necesitaba. Él no podía comprender cómo saber qué ministros le decían la verdad o cómo saber a qué iglesia unirse. Él acudió a la Biblia para recibir ayuda. Mientras leía a solas, un día, él encontró una escritura en el libro de Santiago, en el Nuevo Testamento. Santiago fue el hermano del Jesucristo.
Juan ofrecía un consejo lógico de cómo resolver ese problema. Él dijo: Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Santiago 1:5, versión de la Biblia del rey Santiago)
José se dio cuenta de que ésta era la única manera en la que él sabría cuál era verdad. Sólo Dios lo sabía con toda seguridad. Él era incapaz de tomar esta decisión por sí mismo. La comprensión de que no podemos razonar solos sobre cada problema y que debemos tener apoyo, es parte de la humildad, la cual se requiere para recibir revelación. Tenemos que reconocer que algunas verdades están más allá del alcance de nuestras capacidades para ganarlas de manera intelectual.
Él decidió entrar en el bosque cerca a su hogar y orar para recibir ayuda con su problema. A este punto, él había satisfecho cada requisito que estaba disponible para los hombres en la tierra en aquel momento. Él estaba listo para recibir la revelación personal.
La respuesta que recibió José Smith, una visita personal de Dios y Jesucristo, no es la manera típica en que la gente recibe revelación personal. Una oración que conducirá a cambios dramáticos en el Cielo y en la Tierra requiere una respuesta impresionante. Para la mayoría de nosotros, las respuestas serán más reservadas y más sutiles.
Richard G. Scott, un apóstol del señor, explicó cómo se contestan las oraciones:
Para ayudar a cada uno de nosotros a reconocer las respuestas dadas, el Señor dijo: “Si deseas más testimonio, piensa en la noche en que me imploraste en tu corazón, a fin de saber tocante a la verdad de estas cosas. ¿No hablé paz a tu mente en cuanto al asunto? (D&C 6:22-23; cursiva agregada).
El Señor proporciona mayor comprensión aconsejándonos que estudiemos un problema en nuestra mente y luego le preguntemos si está bien: “Y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien. Mas si no estuviere bien, no sentirás tal cosa, sino que te sobrevendrá un estupor de pensamiento”. (D&C 9:8-9; cursiva agregada).
Es de vital importancia reconocer que el Señor también responde de una tercera manera a la oración reteniendo una respuesta cuando se ofrece la oración. ¿Por qué Él haría eso?
Él es nuestro Padre perfecto. Él nos ama más allá de nuestra capacidad para entender. Él sabe lo que es lo mejor para nosotros. Él ve el final desde el principio. Él quiere que nosotros actuemos para ganar la experiencia necesaria:
Cuando Él responde sí, lo hace para darnos confianza.
Cuando Él responde no, lo hace para que no nos equivoquemos.
Cuando Él retiene una respuesta, es para hacernos crecer mediante la fe en Él, la obediencia a Sus mandamientos y una buena voluntad de actuar con la verdad. Se espera que asumamos responsabilidad actuando con una decisión que esté de acuerdo a Sus enseñanzas sin previa confirmación. No debemos quedarnos sentados a esperar o murmurar porque el Señor no nos ha hablado; por el contrario, debemos actuar.
Mayormente lo que hemos elegido hacer es lo correcto. Él confirmará sobre lo correcto de nuestras elecciones a Su manera. Por lo general, esa confirmación llega en paquetes de ayuda que encontramos a lo largo del camino. Los descubrimos siendo espiritualmente sensibles. Son como notas de un Padre amoroso como evidencia de Su aprobación. Si, en confianza, comenzamos algo que no es correcto, Él nos dejará saber antes de que hayamos ido demasiado lejos. Sentimos esa ayuda al reconocer los sentimientos que nos preocupan o nos inquietan” Richard G. Scott, “Aprendiendo a reconocer las respuestas a la oración,” Ensign-revista SUD en inglés, noviembre de 1989, pág. 30