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¿Cuál es la diferencia entre Papa y el Profeta?

Martes, 12 Enero, 2010

El Papa es la cabeza de la Iglesia Católica, mientras que el profeta dirige La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros a veces son denominados mormones. Existen tanto similitudes como diferencias entre ambas posiciones.

Thomas S. Monson

Para entender el rol de un profeta, uno debe primero entender como están organizados los más altos niveles de la iglesia mormona. A la cabeza de la iglesia está el profeta, el cual es asistido por dos consejeros, quienes comparten la carga de trabajo y son elegidos por el mismo profeta. Nadie busca o hace campaña para ocupar esta posición. El profeta solo hace la elección a través de la oración. Estos tres, conocidos como la Primera Presidencia, supervisan los trabajos de toda la iglesia en el mundo.

El siguiente nivel de liderazgo es el Quórum de los doce Apóstoles. Ellos, como la Primera Presidencia, son vistos como profetas y asimismo tienen una intensa carga de trabajo al ayudar a dirigir la iglesia. Están organizados por una jerarquía basada en cuánto tiempo han sido un apóstol.

Una manera en la cual los católicos y mormones difieren es en cómo eligen a su más alto líder. Para los mormones, no hay suspenso, no hay votación, ni ceremonia. Mientras que los católicos están a la expectativa del humo para dar a conocer que se ha hecho una elección, los mormones ya saben quién los guiará en el momento que el anterior presidente fallece. El proceso sigue un patrón establecido y no presenta sorpresas.

La primera presidencia se disuelve en el momento en que el presidente de la Iglesia muere y los apóstoles pasan a dirigir oficialmente la Iglesia como un organismo. En este momento, existen generalmente catorce apóstoles, no doce, debido a que los dos consejeros son también apóstoles y ellos regresan a su lugar en el quórum. El apóstol con el rango más alto, conocido como el presidente del Quórum de los Doce, lidera a los apóstoles. Se lleva a cabo una reunión entre los apóstoles, en la que se abordan dos opciones. Una es reorganizar la Primera Presidencia de inmediato. La otra es para esperar y permitir que los apóstoles sigan liderando por un tiempo.

Una vez que se toma la decisión de reorganizar, se elige al nuevo profeta en una decisión unánime de los apóstoles. El nuevo profeta siempre, desde los inicios de la Iglesia, ha sido el apóstol que lleva sirviendo más tiempo, por lo que no hay ninguna sorpresa. Todo el mundo a quién se espera, mucho antes de que surja la necesidad. El profeta elige a sus nuevos consejeros y se organiza la Primera Presidencia. El apóstol que ha servido por más tiempo después del profeta es la nueva cabeza del Quórum de los Doce. Si esa persona fue elegida como consejero, el que haya servido como apóstol por más tiempo  que no ocupe un llamamiento en la Primera Presidencia se convierte en el presidente en funciones del Quórum de los Doce Apóstoles. Más tarde, el nuevo profeta, elegirá a un nuevo apóstol para llenar la vacante en el Quórum.

Los profetas han sido autorizados para hablar en nombre de Dios desde los primeros días de la Tierra. A través de Noé, Moisés, Elías y otros, Dios ha comunicado las enseñanzas y los requisitos de Su Evangelio a través de los elegidos por Él.

Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. (Amós 3:7)

Cuando la iglesia fue restaurada, naturalmente requirió un profeta y ha habido uno liderando la Iglesia continuamente desde su restauración en los tiempos modernos.

El profeta es la única persona que puede recibir revelación para toda la iglesia. Cada persona en el mundo puede, si es digna, recibir revelación personal para su propia vida y para todo por lo cual sea responsable, pero sólo al profeta se le da el derecho de recibir revelación para la Iglesia en su conjunto.

A pesar de que los profetas y apóstoles realizan diversas funciones administrativas, su propósito principal es dar testimonio del Salvador. Así como los apóstoles de Jesús sirvieron como testigos especiales de Él cuando vivió en la tierra, a los apóstoles de hoy y en cada generación antes y a partir de entonces, se les instruyó testificar de la divinidad de Cristo y enseñar a la gente sobre Su misión y sobre Su expiación.

José F. Smith, un antiguo profeta, dijo:

Se espera que estos doce discípulos de Cristo sean los testigos oculares y de oídos de la misión divina de Jesucristo. No es permisible que ellos digan, yo creo, simplemente; lo he aceptado simplemente porque lo creo. Lean la revelación, el Señor nos informa que ellos deben saber, deben obtener el conocimientos por sí mismos. Debe estar con ellos como si hubieran visto con sus ojos y oído con sus oídos y ellos saben la verdad. Esa es su misión, para dar testimonio de Jesucristo y de Él crucificado y resucitado de entre los muertos y revestido ahora con poder omnipotente a la diestra de Dios, el Salvador del mundo. Esa es su misión y su deber y esa es la doctrina y la verdad que es su deber predicar al mundo y ver que se predique al mundo. (En un Informe de Conferencia, abril de 1916, pág. 6; o Doctrina del Evangelio, pág. 178)

El presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Día es un profeta, vidente y relevador. Cada uno de estos términos tiene un significado específico añadido a esto.

Aunque cualquier persona que sea digna puede recibir revelación personal, el profeta de la iglesia debe estar específicamente llamado por Dios para tener esta posición. Bruce R. McConkie dijo:

Un verdadero profeta es aquel que tiene testimonio de Jesús; una persona que sabe por revelación personal que Jesucristo es el Hijo del Dios viviente y de que iba a ser, o ha sido, crucificado por los pecados del mundo; alguien para que Dios hable y reconozca la todavía apacible voz del Espíritu. Un verdadero profeta es aquel que posee el santo sacerdocio; que es un administrador legal, que tiene poder y autoridad de Dios para que lo represente en la tierra. Un verdadero profeta es un maestro de rectitud a quien las verdades del Evangelio han sido reveladas y quienes las presentan a sus semejantes a fin de que puedan convertirse en herederos de la salvación en el cielo más alto. Un verdadero profeta es un testigo, un testigo viviente, alguien que sabe y alguien que testifica. Como tal, en caso necesario, predice el futuro y revela a los hombres lo que el Señor le revela a él”. (El Mesías Mortal, 2:169)

Un vidente es un don mayor que el don de la profecía. Es el que ve cosas que no podemos ver con nuestros ojos naturales. Esto describe cuando Moisés vio a Dios, por ejemplo. Describe a los profetas que han visto visiones.

Un revelador ayuda a las personas a saber de algo que no conocían antes. Cuando un profeta explica una doctrina de la que las personas no habían oído hablar antes, él está siendo un revelador. Cuando José interpretó los sueños del faraón.

El presidente de los mormones es todas estas cosas, así como un testigo de Cristo y el presidente de la Iglesia. El profeta no es considerado sagrado o divino de ningún modo y no es adorado. Él es honrado y respetado, pero sólo Dios y Jesucristo son adorados.

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¿Qué piensan los mormones de la Ley de Moisés?

Lunes, 11 Enero, 2010

Según los mormones, la Ley de Moisés fue una ley menor, dada porque los judíos  de esa época no vivían de manera adecuada como para poder vivir una ley superior.  Se trataba de una ley estricta que podía seguirse a la exactitud. Ésta no sustituía a la plenitud del Evangelio.  Fue otorgada simplemente para mantenerlos siempre en el recuerdo de Dios y prepararlos para el regreso a la ley superior (Véase Mosíah 13:30 en el Libro de Mormón).

Moisés y la zarza ardiente – Jerry Thompson

“Estrictamente hablando, la Ley de Moisés abarca los cinco primeros libros del Antiguo Testamento – que los judíos denominan la Torá.  Estos cinco libros de Moisés (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) son también llamados Pentateuco, pero en el Nuevo Testamento éstos son normalmente conocidos como “la Ley”.  El término “la Ley” se utilizaba en algunos casos para hacer referencia a todo el Antiguo Testamento, pero por lo general se hacía una distinción entre los libros de Moisés (la Ley) y aquellos que escribieron los profetas posteriores (los Profetas); de ahí la costumbre en tiempos de Jesús de referirse a las Escrituras hebreas como “la Ley y los Profetas” (por ejemplo, Mateo 5:17; Mateo. 7:12).

La Ley fue revelada por Dios a Moisés en el monte Sinaí y llegó a ser respetada incluso por los gentiles debido a su antigüedad y su amplia equidad.  En los tiempos de Jesús, la Ley era considerada como el código penal, civil y religioso del pueblo judío, y permaneció así durante más de mil años.  La Ley los ha guiado en todos los aspectos de la actividad humana durante tanto tiempo que incluso los judíos no llegaban a concebir fácilmente la vida sin “la Ley” (Stephen E. Robinson, “The Law after Christ-La Ley después de Cristo”, Ensign-revista SUD en inglés, septiembre de 1983, pág. 69).

Robinson, quien era profesor asistente de religión en el estado de Pennsylvania cuando  se escribió el artículo, explicó que muchos judíos estaban molestos con Jesús por enseñar que la ley de Moisés era una ley temporal y menor, ya que para ellos se había convertido “en la misma voluntad divina – perfecta, absoluta, inmutable e inalterable por siempre.  La ley era considerada como la voluntad de Dios expresada exacta y precisamente; por lo tanto, cualquier desviación en la carta de la Ley de Moisés también era una desviación de Dios.  No había lugar para la flexibilidad o “circunstancias atenuantes”.

Jesús vivió la ley de Moisés y enseñó a sus seguidores a hacer lo mismo hasta que se cumpliera la expiación.  Él dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.  Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido (Mateo 5:17-18 en el Nuevo Testamento de la Biblia del Rey Santiago).

Cuando Jesús expió por nuestros pecados, la Ley de Moisés se cumplió y el pueblo pudo tener una ley superior.

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas”, dijo Jesús.  “No he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17). El significado de este versículo puede ser ampliado a través de una traducción alterna: “No penséis que he venido a abolir la Torá o los Profetas, no he venido para abolir sino para completar, para que su significado sea pleno” 1.  La palabra hebrea Torá, que literalmente significa “enseñanza o doctrina”, es traducida en el Nuevo Testamento a partir de la palabra griega nomes, que significa “ley”. Por lo tanto, lo que Jesús estaba transmitiendo es que cuando Él hablaba o enseñaba sobre la ley de Moisés, Él entregaría un significado más completo y pleno.  La ley había sido dada a Moisés por Jehová, quien estaba ahora sobre la tierra en Su ministerio mortal como Jesucristo; por lo tanto era Su prerrogativa  realizar el significado de la ley, las enseñanzas y la doctrina “plena” y “completa”.

Jesús usó la ley de Moisés ya que estaba destinada a purificar la vida y enseñar sobre la salvación a través del Mesías.  La ley de Moisés, correctamente entendida y aplicada, elevaría al hombre natural a un nivel espiritual y lo fortificaría contra la astucia del diablo (Véase Thomas F. Olmstead, “The Savior’s Use of the Old Testament-El uso que el Salvador hacía del Antiguo Testamento”, Ensign-revista SUD en inglés, julio de 2002, pág. 47).

Olmstead señaló también que Jesús utilizó la ley para ayudar a explicar sus propias acciones, como la curación en el día de reposo.  Él enseñó la ley.  Olmstead explica: “Jesús no rechazó la Ley de Moisés – la Torá – tal como se encuentra en el Antiguo Testamento.  Más bien, Él la utilizó para afirmar su propia verdad y dar un sentido más completo”.  Los mormones se refieren al significado más completo como la ley superior.

Para el pueblo judío de la época, esto era algo difícil de comprender.  Robinson explicó: “Además, la mayoría de judíos del tiempo de Jesús había llegado a creer que la salvación llegaría sólo por medio de la observancia de la Ley de Moisés, como la expresión más alta posible de la voluntad de Dios, y de ninguna otra manera”.

En contraste, James Faust, un antiguo líder mormón en la época moderna, dijo: “…la sola intención de la persona llega a ser parte de lo correcto o de lo incorrecto de la acción humana; por tanto, nuestra intención de obrar mal o nuestro deseo de hacer el bien se juzgarán independientemente de nuestras obras. Se nos dice que seremos juzgados en parte por la intención que albergue nuestro corazón”  (véase James E. Faust, “El fiador de un mejor pacto”, Liahona, septiembre de 2003, págs. 2-6.).  Esta fue la ley presentada por Jesús durante su ministerio.  Aunque se requiere obediencia, también se necesita intención y fe.  Una persona debe creer, no sólo llevar a cabo las acciones apropiadas.  Este es un cambio de lo que se enseñó en los tiempos de Jesús.

Jesús enseñó a Sus seguidores a obedecer la ley y luego llevarla a un nivel superior.  Él enseñó que la ley decía que cometer adulterio era un pecado, además la ley superior decía que era un pecado incluso considerar la posibilidad de adulterio o pensar de manera inapropiada en alguien que no sea su esposo o esposa.  Ya no era suficiente sólo ser físicamente fiel al esposo o esposa – tenían que ser fieles también emocionalmente.  Si bien la ley enseñó que no se debe matar, Jesús añadió la obligación de evitar sentir rencor por las personas.  Ya no era suficiente evitar su muerte.  Cada ley fue llevada a un nivel superior, que exigía más fe por parte de los creyentes.

Una parte importante de la ley era la ley de sacrificio.  Los israelitas fueron obligados a sacrificar sus animales.  Los cristianos hoy en día más bien se sacrifican a sí mismos.  Jesús hizo el sacrificio supremo de morir por nuestros pecados, y cada día de reposo, recibimos el sacramento de pan y agua para recordar aquel sacrificio.  Pero también estamos obligados a hacer sacrificios personales.  Dios nos pide renunciar a nuestros deseos mundanos y centrar nuestras vidas en torno a Él.  Cuanto más grande sea nuestra fe, más capaces somos de hacer sacrificios por Dios.

Élder Ballard enseñó: “Aunque se cumplió la ley de Moisés, los principios de la ley de sacrificio continúan siendo parte de la doctrina de la Iglesia, pues el propósito principal de esta ley sigue siendo el probarnos y el ayudarnos a venir a Cristo.  Después del sacrificio supremo del Salvador, se hicieron dos ajustes en la práctica de esa ley.  El primero es que la ordenanza de la Santa Cena reemplazó a la del sacrificio; y el segundo es que ese cambio se centrara, no en el animal de una persona, sino en la persona misma.  En un sentido, el sacrificio cambió de la ofrenda al oferente”.

¿Qué significa la Ley de Moisés para un mormón?  Robinson indica que en los primeros días de la iglesia esto fue un gran motivo de preocupación para los que pertenecían a la misma, especialmente para aquellos que se convirtieron al judaísmo.  Ellos querían saber si el Evangelio restaurado era una adición a la ley de Moisés, o si se trataba de una ley completamente nueva.  Jesús había respondido a esa pregunta con toda claridad en Su ministerio terrenal.  Se trataba de una ley diseñada para llevar a la gente a Jesús y para ayudarles a entender los sacrificios que Él haría por ellos.  La ley se cumplió mediante la expiación de Jesús.  Algunos aspectos de la misma, incluyendo el sacrificio, siguen siendo parte del evangelio, pero de una manera más personal, a través del sacrificio personal del egoísmo y la mundanería, no del sacrificio de animales.  La ley de Moisés no tenía el poder de salvarnos – sólo la expiación podía hacer eso. A pesar de esto, fue un paso importante en la progresión del hombre.

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¿Cómo ven los mormones la revelación?

Lunes, 11 Enero, 2010

La revelación es cómo Dios se comunica con nosotros, Sus hijos, mientras estamos lejos de Su presencia. Existen muchos diversos niveles de revelación y muchas maneras diferentes en que se puede recibir.

Nadie puede recibir revelación para un nivel de estructura del Evangelio mayor al que es llamado a llevar a cabo. Por ejemplo, un niño quien está intentando decidir cómo superar sus problemas en la clase de Matemáticas puede recibir revelación personal que le  ayude con ese problema. Una madre puede recibir revelación que la ayude a entender cómo cuidar a sus hijos. Una líder que supervisa el programa para adolescentes en la iglesia puede recibir revelación para ayudarla a saber cómo servir mejor a la juventud en su programa. Un obispo (el equivalente mormón de un pastor secular) puede recibir revelación sobre cómo cubrir mejor las necesidades de su congregación. Cada persona puede recibir revelación personal relacionada con sus propias responsabilidades en la vida.

Sin embargo, sólo el profeta puede recibir revelación para toda la iglesia, ya que  es su esfera de responsabilidad solamente. Desde el principio de los tiempos en la tierra, Dios ha utilizado a los profetas para recibir y compartir Sus mensajes a Sus hijos:

Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.  (Amos 3:7)

La revelación no es adivinar la suerte. Cuando los mormones reciben la revelación de sus profetas, es siempre sobre temas críticos para la salvación eterna y tiene que ver con el comportamiento de las personas del mundo, no sólo de los mormones. Por ejemplo, cuando le dijeron a Noé que advirtiera a la gente a que se arrepienta o de lo contrario serían destruidos, la advertencia fue sincera y se les dio una manera de protegerse. Como pueblo, ellos podrían arrepentirse y la tormenta no comenzaría. O algunos de ellos podrían arrepentirse y ayudar a construir el arca, que acogería a cualquier persona que eligiera arrepentirse sinceramente, antes de que la lluvia comience a caer. Optaron por no hacer ninguna de las dos cosas, así que fueron destruidos. Noé, debido a su rectitud y su familia debido a él o a su propia dignidad, fueron salvados.

La revelación personal está disponible para cada persona que viva en la tierra y elija hacer lo que es necesario para recibirla. No sólo está abierta a los miembros de la iglesia de Dios. Aquellos que inician sus viajes pueden confiar en el Espíritu de Cristo y en el consejo periódico del Espíritu Santo. Posteriormente, los que han sido bautizados y confirmados por una persona que tiene autoridad de Dios puede recibir el don del Espíritu Santo para estar con ellos siempre; siempre y cuando vivan haciendo lo correcto.

LDS.org, la página oficial de los mormones, ofrece estos pasos para ayudar a las personas a prepararse para recibir revelación personal.

Ore pidiendo guía. Sea reverente. Sea humilde. Respete los mandamientos. Participe de la Santa Cena dignamente. Estudie las escrituras todos los días. Tome tiempo para meditar. Cuando se busque orientación específica, debemos estudiar el tema en nuestras mentes. Busque la voluntad de Dios pacientemente.

La revelación personal viene a través de un esfuerzo cooperativo entre el hombre y Dios. Él siempre está dispuesto a compartir las verdades que necesitamos para navegar en la vida, pero él también espera que hagamos nuestra parte. Note que los pasos antes mencionados requieren que nosotros aprendamos el evangelio para luego vivirlo; de manera que podamos tener el conocimiento suficiente para entender las respuestas que nos son dadas y otorgarnos el derecho a la compañía del Espíritu Santo. El Espíritu Santo no puede morar donde está la maldad, así que tenemos que trabajar para ser dignos de Su presencia y tener un espíritu humilde y digno para “oír” las respuestas que recibimos.

José Smith, el primer profeta de la Iglesia en la época actual, demuestra el procedimiento correcto para obtener revelación personal. Él era, generalmente, una buena persona. Él no era perfecto, por supuesto, sino que trabajaba duro, obedecía a sus padres e intentaba hacer lo correcto hasta donde lo entendía.

Mientras que la zona en la que vivió se quedó atrapada en una onda de conversiones y esfuerzos misionales por muchas iglesias, él comenzó a prestar atención a las enseñanzas de varias iglesias. Él tuvo un deseo de unirse a una iglesia, pero era incapaz de tomar decisiones a la ligera. Nos enseñaron que si necesitamos una respuesta específica, deberíamos primero estudiar el problema por nosotros mismos. José hizo esto al visitar las iglesias y los  renacimientos y pensando a través de las enseñanzas él aprendió allí. Él preguntó a algunos de los ministros, intentando entender lo que le enseñaron y porque todos ellos enseñaron diferentes cosas pero reclamó que tanto ellos sólo estaban en lo correcto o que todas las iglesias estuvieron igualmente en lo correcto, incluso si ellos se contradijeron el uno al otro. Él pasó tiempo pensando detenidamente (reflexionando) en el problema.

Este proceso no le daba las respuestas que él necesitaba. Él no podía comprender cómo saber qué ministros le decían la verdad o cómo saber a qué iglesia unirse. Él acudió a la Biblia para recibir ayuda. Mientras leía a solas, un día, él encontró una escritura en el libro de Santiago, en el Nuevo Testamento. Santiago fue el hermano del Jesucristo.

Juan ofrecía un consejo lógico de cómo resolver ese problema. Él dijo: Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Santiago 1:5, versión de la Biblia del rey Santiago)

José se dio cuenta de que ésta era la única manera en la que él sabría cuál era verdad. Sólo Dios lo sabía con toda  seguridad. Él era incapaz de tomar esta decisión por sí mismo. La comprensión de que no podemos razonar solos sobre cada problema y que debemos tener apoyo, es parte de la humildad, la cual se requiere para recibir revelación. Tenemos que reconocer que algunas verdades están más allá del alcance de nuestras capacidades para ganarlas de manera intelectual.

Él decidió entrar en el bosque cerca a su hogar y orar para recibir ayuda con su problema. A este punto, él había satisfecho cada requisito que estaba disponible para los hombres en la tierra en aquel momento. Él estaba listo para recibir la revelación personal.

La respuesta que recibió José Smith,  una visita personal de Dios y Jesucristo, no es la manera típica en que la gente recibe revelación personal. Una oración que conducirá  a cambios dramáticos en el Cielo y en la Tierra requiere una respuesta impresionante. Para la mayoría de nosotros, las respuestas serán más reservadas y más sutiles.

Richard G. Scott, un apóstol del señor, explicó cómo se contestan las oraciones:

Para ayudar a cada uno de nosotros a reconocer las respuestas dadas, el Señor dijo: “Si deseas más testimonio, piensa en la noche en que me imploraste en tu corazón, a fin de saber tocante a la verdad de estas cosas. ¿No hablé paz a tu mente en cuanto al asunto? (D&C 6:22-23; cursiva agregada).

El Señor proporciona mayor comprensión aconsejándonos que estudiemos un problema en nuestra mente y luego le preguntemos si está bien: “Y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien. Mas si no estuviere bien, no sentirás tal cosa, sino que te sobrevendrá un estupor de pensamiento”. (D&C 9:8-9; cursiva agregada).

Es de vital importancia reconocer que el Señor también responde de una tercera manera a la oración reteniendo una respuesta cuando se ofrece la oración. ¿Por qué Él haría eso?

Él es nuestro Padre perfecto. Él nos ama más allá de nuestra capacidad para entender. Él sabe lo que es lo mejor para nosotros. Él ve el final desde el principio. Él quiere que nosotros actuemos para ganar la experiencia necesaria:

Cuando Él responde sí, lo hace para darnos confianza.

Cuando Él responde no, lo hace para que no nos equivoquemos.

Cuando Él retiene una respuesta, es  para hacernos crecer mediante la fe en Él, la obediencia a Sus mandamientos y una buena voluntad de actuar con la verdad. Se espera que asumamos responsabilidad actuando con una decisión que esté de acuerdo a Sus enseñanzas sin previa confirmación. No debemos quedarnos sentados a esperar o murmurar porque el Señor no nos ha hablado; por el contrario, debemos actuar.

Mayormente lo que hemos elegido hacer  es lo correcto. Él confirmará sobre lo correcto de nuestras elecciones a Su manera. Por lo general, esa confirmación llega en paquetes de ayuda que encontramos a lo largo del camino. Los descubrimos siendo espiritualmente sensibles. Son como notas de un Padre amoroso como evidencia de Su aprobación. Si, en confianza, comenzamos algo que no es correcto, Él nos dejará saber antes de que hayamos ido demasiado lejos. Sentimos esa ayuda al reconocer los sentimientos que nos preocupan  o nos inquietan” Richard G. Scott, “Aprendiendo a reconocer las respuestas a la oración,” Ensign-revista SUD en inglés, noviembre de 1989, pág. 30

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¿Cómo trabajan la razón y la fe juntas?

Domingo, 10 Enero, 2010

El intelecto es muy importante. Dios nos lo dio y espera que lo utilicemos. Podemos llevarlo con nosotros cuando muramos y el conocimiento que obtengamos en cada etapa de la vida también se irá con nosotros. Sin embargo, el intelecto no es la parte más importante de nosotros, ni es la fuente absoluta del conocimiento de la verdad.

Traduciendo el Libro de Mormón – Del Parson

Mientras que José Smith estaba traduciendo el Libro de Mormón al inglés, un joven llamado Oliver Cowdery, quien estaba interesado en aprender más, se le acercó. Poco después, comenzó a ayudar al profeta en el trabajo. José no era muy culto, y aunque él podía traducir a través de los dones que le dio Dios, utilizó escribas para plasmar las palabras. Cowdery fue uno de estos escribas. Después de un tiempo, Oliver ansió intentar su propia traducción. José le preguntó a Dios, quién le dio permiso a Oliver para tratar de traducir una parte. Sin embargo, Oliver sólo fue capaz de traducir algunas palabras. Cuando él quiso saber por qué no podía hacerlo, el Señor respondió:

He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme.

“Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien” (D. y C. 9:7-8).

Con esta revelación, aprendemos el papel del intelecto en la toma de decisiones en cuanto a las cosas espirituales. Se le enseña a Oliver a estudiar y, a continuación, acuda a Dios para la confirmación. Este es el equilibrio adecuado del intelecto y la fe. “La gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras, luz y verdad.”(Doctrina y Convenios 93:36)

Es un error utilizar sólo el intelecto, la ciencia, y los “hechos” para tomar decisiones espirituales. Incluso un breve estudio de la historia del conocimiento muestra que el conocimiento del mundo está en constante cambio. En un momento, creímos que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Incluso en los tiempos modernos, todos los días se termina un estudio o descubrimiento que cambia lo que pensábamos que sabíamos que era verdad. El conocimiento, como es decidido por mortales, es incierto.

La verdad de Dios, sin embargo, es inalterable. La verdad es siempre verdad, y ningún estudio científico puede cambiarla. Cuando queremos saber lo que es realmente cierto, debemos recurrir a Dios. Primero, estudiamos y luego confirmamos nuestros estudios de la fuente de toda verdad.

Esto es lo que el mismo José Smith descubrió cuando tenía catorce años de edad. Trabajó duro para el estudio de la pregunta que enfrentaba: ¿A qué iglesia me debo unir? Visitó iglesia tras iglesia, asistió a renacimientos, escuchó los sermones de varios predicadores, y leyó la Biblia.  Encontró, mientras escuchaba las enseñanzas de los predicadores, que se contradecían entre sí. Él fue capaz de reunir hechos, pero no la verdad, porque cada ministro daba su propia versión o interpretación de la verdad. Por último, mientras leía la Biblia, encontró la solución a su pregunta.

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Santiago 1:5)

Este versículo, escrito por el hermano del Salvador, nos asegura que si hay algo que no sabemos, sabiduría que necesitamos, podemos recurrir a Dios.  Él promete responder. Mientras que los ministros podrían tener opiniones sobre lo que es cierto, la única manera de saber cuál es la elección de Dios es preguntarle al mismo a Dios. José lo hizo, con resultados espectaculares.  Es muy probable que nuestros resultados no coincidan con el Suyo, pero siempre vamos recibiremos una respuesta.

A los misioneros y maestros mormones se les advierte acerca de enseñar a través del intelecto, en lugar de a través del espíritu. Bruce R. McConkie enseñó:

Si enseña la palabra de la verdad, y nótese, está diciendo lo que es verdadero, todo lo que dice es exacto y correcto, de alguna otra manera que no es el Espíritu, no es de Dios. Ahora, ¿cuál es la otra manera de enseñar que no sea por el Espíritu? Bueno, evidentemente, es por el poder del intelecto.

“Supongamos que he venido aquí esta noche y he entregado un gran mensaje sobre la enseñanza, y lo hice por el poder del intelecto, sin ninguna ayuda del Espíritu de Dios. Supongamos que cada palabra que he dicho es cierta, sin ningún error, pero fue una presentación intelectual. Esta revelación dice: “Y si es de alguna otra manera, no es de Dios” (D. y C. 50:18).

“Es decir, Dios no presentó el mensaje a través de mí porque usé el poder del intelecto en lugar del poder del Espíritu. Las cosas intelectuales -la razón y la lógica- pueden hacer bien, pueden preparar el camino y pueden preparar la mente para recibir el Espíritu bajo ciertas circunstancias. Pero la conversión viene y la verdad penetra los corazones de la gente sólo cuando se enseña por el poder del Espíritu” (La Insensatez de la Enseñanza [folleto, 1981], 9, citado por Dallin H. Oaks en “Enseñar y Aprender por el Espíritu”, Ensign-revista SUD en inglés, marzo de 1997, pág. 7).

Los mormones aprenden que pueden presentar hechos y testimonio, pero sólo el Espíritu puede convertir. Cuando un misionero o maestro mormón es receptivo a los impulsos del espíritu después de una cuidadosa preparación, sus alumnos también serán capaces de sentir el espíritu, si así lo deciden, y se convertirán o fortalecerán su fe.

La pregunta originalmente formulada fue cómo la fe y la razón trabajan juntas. La razón puede ser interesante e incluso importante, y puede ser parte de la fase de investigación de cualquier problema. La razón es a menudo un entretenido ejercicio intelectual y muchas personas religiosas gozan de saber de  hechos o incluso “prueba” de lo que creen. Se aconseja adquirir conocimientos, incluso conocimientos seculares, pero sólo si no destruye la fe. Aplicar la razón a la religión está bien si usamos la razón sabiamente, y nunca perdemos de vista lo que Dios nos ha dicho a través de Su Espíritu.

La diferencia entre la fe y la razón se puede demostrar de esta manera: Si el Salvador estuviera cerca y usted dijera: “Oh, yo sé quién es. Él nació de María en un establo. Él se convirtió en un misionero cuando era un adulto y ahora enseña acerca de Dios” -eso es una recitación de hechos. Si hiciera una lista de los milagros de Jesús y otras acciones, y, después de estudiarla, decidiera que dado lo que ha comprobado, probablemente Él era el Salvador – eso es la razón. Si viera al Salvador y se pone de rodillas, eso sería fe. Si bien los hechos de la vida de Jesús son interesantes y útiles de conocer, es la fe que lo pone de rodillas, la que le traerá salvación eterna. La fe es la parte más importante del conocimiento.

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¿Cómo los mormones pueden tener autoridad cuando la línea de sucesión continua viene de Pedro?

Domingo, 12 Julio, 2009

Las creencias mormonas enseñan que la iglesia es la restauración de la iglesia que existió en los días del ministerio de Jesucristo. Asimismo, enseñan que su sacerdocio es una línea de autoridad continua. Esto desconcierta a los que enseñan que la línea de sucesión viene de Pedro y que nunca se descontinuó.

Cuando Jesús eligió a sus apóstoles, él les dio la autoridad para actuar por Dios. Él tuvo las llaves del reino, pero pudo distribuirlas a aquellos llamados de Dios.

18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. (Mateo 16)

Estas llaves, por supuesto, no son físicas. Estas representan la autoridad para actuar en el nombre de Dios. El versículo recién citado no quiere decir que Jesús renunció a las llaves, sino que Pedro las habías usado durante la época que fue apóstol. Muchos habían interpretado la roca para ser Pedro, mientras que otros versículos en el Nuevo Testamento nos dicen que no es así:

Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo. (1 Corintios 10:4)

En la época que murió Jesús y sus apóstoles, no leímos de Pedro, ni de ningún otro apóstol que otorgara las llaves a alguien más. Esto es porque luego de la muerte de los apóstoles, la iglesia entró en una apostasía muy larga, la cual había sido profesada por muchos profetas bíblicos.

11 He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.

12 E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán. (Amós 8:11-12)

Durante esa época, no había un profeta, por lo que se quitaron las llaves del reino, la autoridad del Sacerdocio para administrar la iglesia de Dios. Esto ocurrió debido a esas tantas variaciones del cristianismo. Sin nadie a quien acudir para tener una respuesta certera, los cristianos se vieron obligados a decidir por sí mismos sobre cuál era la verdad. Cuando había un desacuerdo, realizaban concilios para elaborar un trato o apenas empezar otra denominación cristiana. Actualmente, vemos miles de denominaciones alrededor del mundo.

Dios también había prometido restaurar lo que se perdió.

20 Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes.

21 Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. (Hechos de los Apóstoles 3)

No podría haber una restitución si nunca hubiera habido una apostasía. Esta restitución comenzó con José Smith en la década de 1800. Él quiso saber a qué iglesia unirse y pidió a Dios en oración. Dios y Jesucristo aparecieron ante él y Jesús le dijo que no se uniera a ninguna de ellas, porque ninguna tenía la verdad completa. Cuando el fue mayor, un ángel llamado Moroni lo educó preparándolo para la restitución de todas las cosas que se había prometido en los libros de los Hechos de los Apóstoles.

¿Entonces, cómo las llaves del Sacerdocio retornaron a la tierra? Mientras que José Smith y Oliverio Cowdery estaban traduciendo el Libro de Mormón, ellos encontraron escrituras sobre la importancia del bautismo por aquellos que tienen la autoridad. Ellos fueron a las orillas de un río en Pensilvania, donde luego estuvieron viviendo y oraron para saber cómo realizarlo. Mientras oraban, oyeron la voz del Salvador y luego ante ellos apareció un ángel. Este ángel era Juan el Bautista, el primo del Salvador, quién tuvo las llaves para el Sacerdocio Aarónico al momento de su muerte y, por consiguiente, fue capaz de restaurarlo a la tierra al entregar aquellas llaves a José y a Oliverio, colocando sus manos sobre sus cabezas y realizando la apropiada ordenanza del Sacerdocio. Él lo hizo, diciendo:

“Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud”. (José Smith – Historia 1:68-74)

Con estas llaves en su sitio, los dos hombres fueron capaces de bautizarse el uno al otro. Sólo se necesitó el Sacerdocio Aarónico para llevar a cabo un bautismo.

No obstante, Juan no había recibido el Sacerdocio de Melquisedec, debido a que les fue otorgado a los apóstoles después de su muerte. Ya que él no tenía aquellas llaves, no pudo restituirlas. Para que la línea sea continua, las llaves debían venir de alguien que las tuviera actualmente. Este Sacerdocio mayor sería necesario para conferir el Don del Espíritu Santo y organizar la iglesia.

La restauración del Sacerdocio de Melquisedec vino después. Una vez más, mientras oraban en las orillas del río Susquehanna, recibieron una visita angelical, ahora de Pedro, Santiago y Juan. Estos tres apóstoles recibieron el Sacerdocio mayor en el Monte de la Transfiguración (Monte Sinaí).

Cuando leemos sobre este acontecimiento en Mateo 17. Jesús lleva a Pedro, a Santiago y a Juan a la montaña, donde se transfiguró delante de ellos. Mientras esto ocurría, Moisés y Elías aparecieron ante ellos. El Sacerdocio de Melquisedec se restauró en la tierra por estos dos profetas, quienes lo recibieron durante su época en la tierra. Ellos se lo dieron a Pedro, a Santiago y a Juan, de manera que pudieran administrar el evangelio luego de que muriera el Salvador.

Debido a que ellos poseían el sacerdocio, pudieron retornar a la tierra como ángeles y otorgar las llaves a José y a Oliverio, nuevamente trayendo al Sacerdocio a la tierra. Con estas llaves, la iglesia podría ser restaurada.

Así es como los mormones demuestran una cadena continua de autoridad. Actualmente, cada hombre digno que es lo suficiente mayor puede poseer estos dos sacerdocios. Ellos deben recibirlo de alguien que ya lo posee. La cadena total del sacerdocio ha descendido desde las primeras dos ordenaciones hechas por tres apóstoles bíblicos.

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¿Los mormones adoran a José Smith?

Sábado, 3 Mayo, 2008

Respuesta personal de Richard Neitzel Holzapfel

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días veneran a los profetas bíblicos y a los apóstoles como Moisés, Isaías, Jeremías, Pedro, Juan y Pablo. Ellos creen que el Señor sigue llamando a profetas y apóstoles actualmente. Entre esos profetas, Dios ha escogido en estos últimos días a José Smith (1805-44), el primer profeta moderno.

Además de honrar a los profetas y apóstoles, los mormones creen, así como todos los cristianos, que “hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5). Por ello, los mormones adoran real y sinceramente a Dios, el Eterno Padre, en el nombre de Jesucristo, el único Hijo de Dios. Ellos no adoran a ningún otro hombre o mujer no importa quiénes sean o qué hayan hecho. (más…)

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