Bautismo en la Iglesia Mormona
Lunes, 20 septiembre, 2010Un testimonio y explicación personal de Keith, desde Annapolis, Maryland.
Andando en Vida Nueva
Romanos 6:4 dice: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por medio del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”.
El cuarto Artículo de Fe indica que: “Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo, segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de manos para el don del Espíritu Santo”.
El Salvador reveló el verdadero método del bautismo al profeta Joseph Smith, aclarándole que la ordenanza debe ser realizada por alguien que tenga la autoridad del sacerdocio y que se debe hacer por inmersión. En Doctrina y Convenios 20:73-74, se nos enseña: “El que es llamado por Dios y tiene autoridad de Jesucristo para bautizar, entrará en el agua con la persona que se haya presentado para el bautismo, y dirá, llamándola por su nombre: Habiendo sido comisionado por Jesucristo, yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Entonces la sumergirá en el agua, y saldrán del agua”.
El acto de la inmersión de una persona en el agua es un símbolo de que la vida pecaminosa de la persona se sepulta y que su ser renace o recibe una nueva vida – una vida espiritual- una vida dedicada a servir a Dios y a sus semejantes. La inmersión es además un símbolo de la muerte y resurrección del Salvador. En Romanos 6:3-11, leemos las siguientes palabras: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por medio del bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección: Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que está muerto, libre está del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él: Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque al haber muerto, murió al pecado de una vez y para siempre; más al vivir, para Dios vive. Así también vosotros, considerad que de cierto estáis muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”. (más…)

